Conozco a Juan Carlos Muñoz desde hace más
de 15 años y hoy, por fin, he podido contemplar su primera exposición
individual oficial en el Centro Cultural Nicolás Salmerón. De sus
primeras acuarelas y óleos conservo sobre todo, el recuerdo de unos personajes
marcados por unos ojos muy grandes que, aunado a un escenas tiernas, nos
retrotrae a un mundo de inocencia muy ad hoc con el monigote de inocente de su
propia firma. Si acaso una de las pocas críticas que he osado hacerle a mi compadre,
teniendo en cuenta mis limitados conocimientos de pintura, a pesar de haber
reseñado exposiciónes de arte en el semanario cultural de ABC durante 7 años,
es que en ninguna de sus obras hay atisbo alguno a su lado oscuro.
