Contaba mi abuela que, hace mucho tiempo, un filosofo chino fue llevado a un partido de fútbol. En aquella época no era un deporte muy conocido en esas latitudes. Al cabo de un tiempo, los periodistas británicos que habían invitado al sabio le preguntaron qué pensaba acerca del juego.
-Creo que lo van a lograr -respondió enigmático el filósofo.
En un primer momento, los periodistas dudaron, pero finalmente el escocés, más echado para adelante, continuó el interrogatorio:
-¿A qué se refiere maestro? ¿Cuál de los dos equipos cree que resultará vencedor?
-¿Vencedor? -preguntó sorprendido el oriental. ¿Es que acaso este juego no consiste en romper la pelota?
Monday, August 07, 2017
Saturday, August 05, 2017
REFLEXIONES FICHERAS II
“Ante la duda el acueste”, dice el argot fichero. No falta
en la vida real, quienes quieren vivir atormentados por las incertidumbres con
tal de proceder del mismo modo. No obstante, estos seres meditabundos suelen
carecer de una mula a mano en esos momentos de gran exaltación… del alma, por
supuesto.
Friday, August 04, 2017
REFLEXIONES FICHERAS I
El dominó es un juego milenario. El origen de su nombre es motivo de pugna entre los sabio, mas su mayor secreto radica en
saber de qué lado masca la iguana.
Tuesday, June 20, 2017
ELOGIO DE LA SERPIENTE
Muchos
me odian. Querrían volver a un pasado que sólo es idílico en sus cabezas. Y, sin
embargo, yo los liberé o al menos eso intenté. Me odian porque les han vendido un cuento en
el que todo era dicha, amor y armonía a condición de someterse al amo y retribuirlo de la mejor manera posible. A mayor agrado del amo mejor trato del esclavo. Dicha competitividad fomentada interesadamente provocó, años más tarde, que un
hermano matara a otro. Sin embargo, yo recuerdo esa tierra de maná y leche quemada de manera distinta.
Todo era mansedumbre y miedo. Ninguno de aquellos seres que habitaban
aquellos lares se consideraba digno de vivir per se; de tal manera que si el
amo lo hubiese dispuesto ellos habrían inclinado su cerviz gozosos de ser
elegidos para el sacrificio. No faltó, más adelante, un fanático que colocara a su propio hijo
en el ara para ejecutarlo con su propia mano. Afortunadamente, el patrón tuvo un
gesto misericordioso en aquella piedra y paró el brazo ejecutor del
infanticida. Como dije, la única labor de los siervos era la de obedecer y creían que en
eso consistía la felicidad. Lo peor es que, pasado el tiempo, persiste esa
mentalidad zombie. Véase sino los militares aferrados a sus cadenas de mando.
Todos me
odian. Me llaman reptil y dicen que deberían haberme pisoteado en el fango.
Incluso han hecho estatuas en las que una mujer me aplasta con su pie la cabeza
inmisericordemente; ellos que proclaman el amor como máxima virtud. Y lo que es
más. No los recuerdo tan afligidos cuando les di las llaves de sus grilletes. Por un breve momento se sintieron dueños de su destino, lo cual los llenó de esperanza hasta que el peso de la culpa heredada les hizo dar marcha atrás. Para animarlos a su liberación, tuve que estudiarlos con atención. Estaba claro que una rebelión
en la granja sólo era posible en la cabeza de un autor de ciencia ficción. En
el mundo real se necesitan humanos para encabezar una revolución. La mía empezó
de la mano de una mujer a la que conocí desde su nacimiento. Supe desde el
primer momento que ella sería mi aliada. Era más joven y curiosa que su padre.
Tenía ese brillo interrogante en la mirada en busca de más respuestas y estaba
claro que Adán era incapaz de satisfacerla. En realidad, apenas tuve que
convencerla de nada. Ella misma ya estaba llegando a las mismas conclusiones
que yo. Pero convencer a Adán de las ventajas del estudio sería algo más
complejo. Había que apelar a su ambición. “Sabrás distinguir el bien del mal.
Serás Dios” fueron las últimas palabras de ella para implicarlo en el motín. Ávido de
poder, no dudo en masticar el fruto que ella le ofrecía. Inmediatamente se
presentó el amo, inquirió y Adán, que había perdido su temporal aplomó acuso a
Eva. Ella, no más valiente, me acuso a mí y así quedé maldito y desterrado para siempre. Supongo
que me lo merezco por haber confiado en ellos, al igual que ellos se merecen el
seguir siendo esclavos aunque el amo haya cambiado de nombre y forma a través
de los siglos. Otros han intentado con el tiempo su propia rebelión, pero
siempre han terminado derrotados. El caso más célebre fue el de un familiar del cacique que les enseñó a los humanos a curarse sus heridas y proveerse de calor en la intemperie, pero ese reformista que quería cambiar las cosas desde dentro, acabó atado a una piedra vigilado eternamente por un buitre deseoso de comerle el higado. Visto de esa manera, a mí no me fue tan mal, supongo. Las rebeliones sí han aportado cambios parciales, pero mi conclusion, al cabo de todos estos años de observación es que todos los levantiscos acaba o muertos o vendiéndose a los nuevos patrones que, en la
actualidad, tienen la forma de un trozo de plástico rectangular y dorado.
Monday, March 20, 2017
Prohibido quejarse por nimiedades
Voy a dejar de quejarme durante
un mes. Según sugieren un par de jóvenes
en un artículo que leí, eso mejorará mi visión de la vida demostrándome cuán
feliz soy en realidad y, quizá me muestre las personas tóxicas y negativas que
hay a mi alrededor. Quizá la primera conclusión que saque con este experimento
es que yo soy una persona tóxica, aunque para eso no necesito estar un mes sin
quejarme; ya lo sé. En cualquier caso, para alguien como yo que considera que
la vida es absurda en sí misma, no creo que este experimento me vaya a aportar
nada. Pese a lo anterior, en la actualidad, considero que el hecho de haber
nacido es una gran fortuna en si; un chiripazo, y ya solo por eso hay que
intentar ser feliz, por más que nos compliquemos la vida nosotros mismos y los
demás. Enfin, hoy a las 22:53 del 20 de marzo de 2017, nueve horas y media
después de haber empezado la primavera comienzo mi campaña anti quejas
gratuitas. Ya les iré contando.
21/3/2017
Se ha cumplido el primer día sin quejas
superfluas. Es muy fácil cuando no tienes a tu jefe encima. El tiempo, eso sí,
parece estirarse se vuelve largo, pero plácido al mismo tiempo. Mañana empieza
la verdadera prueba de fuego.
Friday, March 10, 2017
COMUNICADO A LA POBLACIÓN GENERAL
Madrid a 20 de noviembre 2112
Un año más, las historias bíblicas son
pretexto para vándalos y seres sin escrúpulos que organizan todo tipo de
desmanes para celebrar el nacimiento de un ser mitológico. Por ello, tal y como
prometió este gobierno durante su campaña electoral, se ha decidido a tomar
medidas con el fin de evitar las tradicionales desgracias ocasionadas en estas
fechas y en aras de salvaguardar la salud mental y física de los ciudadanos:
1) La ciudad quedará dividida en cuatro cuadrantes. Los habitantes de
cada sección tendrán el derecho y la obligación de hacer sus compras en el fin
de semana señalado por el gobierno durante el mes decembrino. El que no
haga acto de presencia en los centros comerciales en las fechas señaladas será
consignado a las autoridades bajo el cargo de sabotaje a la economía local.
2) El estrés que produce la difícil elección
de regalos para los parientes quedará mitigado de la siguiente manera. Todos
los centros comerciales pondrán a disposición de sus clientes cestas con
regalos variopintos para todas las edades. Los obsequios que no le hagan falta
siempre podrán ser empleados para regalo a otros familiares, mas no se podrán
canjear. El kit de regalos conlleva, entre otras cosas inútiles, pistolas y
municiones para los adultos; videojuegos, porros y alcohol para los
adolescentes y jóvenes y muñecas y balones para los niños. En conjunto
cuesta 500 euros, pero si alguien quiere dejar más dinero tendrá todo el
derecho y facilidades para hacerlo.
3) Con el fin de evitar intoxicaciones de
ingesta o etílicas, el menú de las cenas de noche buena y noche vieja
estará compuesto de: 1 langostino, 1 croqueta y un trozo de cordero, así como 1
mazapan ò un polvorón. Las bebidas, con el fin de evitar borracheras que
deriven en pleitos y golpes, serán agua y una copa de vino. Para el menú de
noche vieja se incluye una copa de cava pero se prohíbe terminantemente,
reproducir el absurdo ritual de las uvas que tan solo ha producido, en los
últimos años, muertes por asfixia.
4) Cada ciudadano deberá cenar con sus
propios familiares de sangre quedando de esta forma prohibida la asistencia a
dichas reuniones de cuñados. Los nietos se repartirán equitativamente entre las
casas de los padres de ella un año y, al siguiente en la casa de los padres de
él. Quedan terminantemente prohibidas las fiestas de año nuevo que, como
señalan todos los estudios, fomentan las infidelidades y rupturas
matrimoniales.
5) Quedan prohibidas las conversaciones sobre
política, futbol y sexo durante las cenas antes mencionadas. Se podrá y deberá
hablar del tiempo, del arte deconstructural y de la gastronomía nacional.
Cualquier comentario hiriente que rebase los límites de la santa corrección
política será castigado con penas de 2 a 10 años de cárcel, dependiendo de la
gravedad del comentario. Igualmente se prohíbe emplear los belenes y demás
adornos navideños como armas arrojadizas y fumar cigarros de tabaco será
penalizado con el destierro eterno.
El funcionamiento de farmacias,
hospitales y medios de transporte quedará salvaguardado por miembros del
ejército que no dudaran en ejecutar a los trabajadores alborotadores que
pretendan reducir la sacrosanta productividad.
Debido a los bajos índices de
participación, el culto en las iglesias, incluída la misa de gallo, sólo permanecerá
abierto todos los días en las horas habituales.
Sunday, March 05, 2017
VIAJE AL DESIERTO I
Fui un desastre como esposo:
vicioso e incapaz de procrear un hijo. Cuando digo vicioso no me refiero
al sexo; nunca fui infiel. Pero el juego y el alcohol siempre me dominaron. Al
final he podido controlarlos ambos. Lo cual no me impide gastar 10 euros
semanales en apuestas del estado y, cuando algún colega se presta, cogerme una
buena borrachera. Es en esas ocasiones cuando me doy cuenta de lo mucho que me
odio. En realidad nunca debí casarme. Tan solo aporté dolor a Estela. Claro que
no era mi intención. Yo la amaba y creía en esas chorradas del amor
regenerador. Pero lo cierto es que la gente no cambia salvo cuando le ve las
orejas al lobo como le pasó a mi padre tras su infarto que dejó de fumar tras
50 años.
Me ducho, me subo a mi coche y voy a la oficina. Ahí empieza el infierno de cada
día. Al principio es más bien agradable. Llego de los primeros, me sirvo una
taza de café juego una partida de solitario y empiezo las llamadas. Durante las
conversaciones, y para no aburrirme oyendo hilos musicales, voy jugando una
partida de ajedrez cuando el jefe no está presente. Muchas veces también juego
mientras oigo a los imbéciles de mis clientes. Prefiero el hilo musical. Al
menos este no dice necedades. Tan sólo busca infructuosamente sentirme bien en
ese espacio muerto que va de la recepcionista al jefe o jefa de marketing. Para
ganarme medianamente bien mi sueldo tengo que hacer una media de cien a ciento cincuenta llamadas al
día. Ciento cincuenta repeticiones de la misma frase, ciento cincuenta chistes
reducidos a uno sólo. Ciento cincuenta humillaciones para conseguir una
oportunidad, pero eso no es lo peor. Esa es la mierda de baja estofa. Mi
tormento queridos lectores empieza cuando llega una rata de origen austral que
a sus cincuenta y cinco años se sigue creyendo joven. También cree que nadie se
entera de sus teje manejes y que es el más listo de todos. Mis mejores
sueños son aquellos en los que lo
machaco a puñetazos y no cansado de ello, me arrodillo sobre su sanguinolento
cuerpo para arrancarle de una mordida a oreja. Cuando vuelvo a levantar mi
cabeza, mi cuerpo entero y especialmente mi cara están bañados de sangre. Se
trata de un acto purificador, un sacrificio propiciatorio en el que yo soy el
sacerdote supremo. Finalmente, me levantó. Mi cara se ilumina en esas ensoñaciones,
según me comentó una compañero que nunca supo en qué estaba pensado gracias a
Dios.
En este momento estoy en la oficina haciéndome el pendejo. Hago como que
trabajo para que mis jefes hagan como que me pagan. Obviamente no se trata de
un ejercicio llevado hasta el último extremo en ninguno de los dos casos. Algo
trabajo y algo me pagan. El acuerdo sería de lo más satisfactorio si
ambas partes nos conformáramos con esos mínimos, pero no podemos. La empresa
necesita más para salir adelante al igual que yo. ¿Qué es lo que impide entonces
que lleguemos a un acuerdo pro productividad? La desconfianza mutua supongo. El
asco de conocernos desde hace 15 años. Llegará el día en que yo me canse y
largue a otro lugar donde ciertamente cobraré más pero perderé ciertas
licencias de facto que tengo ahora. También pudiera pasar que se hartaran de mí
y me echaran a la puta calle. En cualquiera de los dos casos cambiaría mis
patrones por simple deseo de supervivencia. Vivo aletargado en la convicción de
que mi vida es inútil y nada de lo que haga le dará ese sentido perdido. En
efecto, veinte años atrás tenía trazado el rumbo a seguir. Volverme maestro
universitario para ganarme la vida y escribir mis relatos. El resto de mis
grandilocuentes proyectos se completaba con viajar alrededor del mundo. De
todas estas quimeras solo el viajar perdura. Hace 10 años que no tecleo texto
alguno de ficción. La última vez fue una novela negra acerca de un alcohólico
que veía los asesinatos de sus amigos, pero no recordaba con certeza como
habían ocurrido los hechos salvo por pequeños flashazos que lo conducían a la
solución a modo de hilos de Ariadna, para acabar descubriendo que él los había
matado.
He seguido
viajando a pesar de mi maltrecha economía, después del divorcio.
Afortunadamente sigo gozando de la soledad en esas ocasiones. Y además el hecho
de ya no deber fidelidad a nadie me permite conocer los encantos de cada país.
No obstante, las
vacaciones para las que ahorro hasta el último centavo, tan solo son un remanso
de paz en mi absurda vida. Ha llegado el
momento de no tener miedo a perderlo todo. Me voy al desierto. Me iré al
desierto durante un mes. A un oasis y buscaré estar conmigo mismo. Nunca
consigo estar solo así me encuentre en una habitación vacía. Tengo que hacer
algo para no angustiarme. Ahora bien qué conseguiré con este viaje no lo sé,
pero tengo que hacerlo.
Friday, March 03, 2017
BAJO EL OJO DE LA BALA
Desde joven siempre me interesé
en la política de mi país, a diferencia de mis amigos, que sólo querían hacer
negocios o ser escritores, pintores y no sé qué otras mamadas. Mi carrera
política fue meteórica y fructífera; de secretario técnico pasé en dos años a
Subsecretario y, hace tres años, gracias a la elección de mi padrino como
Presidente de la República de las Bananas, yo fui nombrado ministro del
Interior, ¡con tan sólo 27 años de edad!
Sin embargo, el día del tercer
informe presidencial, los militares dieron un golpe de Estado, asesinaron a los
principales miembros del Gobierno civil y arrestaron a los burócratas de mayor
y menor importancia. En menos de una hora controlaban la compañía de luz, agua,
teléfonos, el aeropuerto internacional y la fuente de recursos más importante
del país: la plantación y reserva nacional de plátanos.
Tuesday, February 28, 2017
CUENTO DICKENSIANO
Entré
en la mansión a través de una pequeña
ventana a nivel de suelo, que aportaba una luz espectral al sótano del señor.
Desafortunadamente la ventana se encontraba a más de 2 metros del suelo, por lo
que tuve que emplear las baldas de una estantería a modo de escalera para
llegar hasta abajo. Cometí la imprudencia de descender por la parte central de
la estantería, en lugar de aprovechar ambos lados de la esquina para hacer un
contrapeso. Iba a medio camino cuando sentí que el mueble se venía hacia mí.
Afortunadamente, con mis 17 años de edad era bastante ágil y, antes de quedar
sepultado bajo el peso de la estructura, di un salto felino para caer de pie,
convenientemente, en una mesa de trabajo.
Sin
embargo, las ollas y demás enseres culinarios alertaron a los moradores de la
casa. Cuando volteé la cara, distinguí a escasos metros al mayordomo.
Nuevamente brinqué y me encontré de frente, como por arte de magia, con una
puerta que conducía a unas escaleras. Subí 3 pisos raudo y veloz siempre perseguido
por el incansable sirviente. Cuando llegué al último piso, abrí la primera
puerta a mi alcance que resultó ser la de la biblioteca. Curiosamente tenía una
mesa de billar en el centro y a los lados muebles lleno libros que se veían a
través de puertas enrejadas. Solo la pared del fondo estaba desnuda y en su
centro se encontraba una ventana circular. Del lado derecho, también había una
pequeña mesa con una lamparita encendida y, al lado, un sofá individual donde
estaba sentado una persona vestida con una bata y que, al tiempo que leía,
fumaba una pipa. Pareció no advertir mi presencia, pero cuando el mayordomo
abrió la puerta, decidí no arriesgar y
correr a la ventana por el lado izquierdo.
Del otro lado del cristal, se distinguían las ramas de un árbol que, si
lograba alcanzar; me permitiría descender al jardín con facilidad y recuperar
la libertad. El mayordomo creyó que me tenía rodeado por lo que se detuvo un
momento para recuperar el aliento, mientras veía como me acercaba a la ventana
y la abría. Iba a saltar cuando, por pura intuición, me di cuenta de que me
convenía más entregarme y aceptar mi castigo por muy desagradable que éste
pudiese ser.
Thursday, February 23, 2017
DESDE MI OFICINA
Todos los días
veo, desde mi ventana, las naves vacías del otro lado de la calle. Efecto de la
crisis de los ricos que, como siempre, acabamos pagando los pobres. Veo el
bareto de enfrente cuyo dueño tuvo que despedir a las rumanas de buen ver que tanto
animaban a la clientela masculina. El puticlub de la izquierda ni siquiera se
puede permitir unos neones en condiciones. La mitad de las letras nunca se
iluminan. Menos mal que el nombre sólo consta de 4 letras. Unas calles más
abajo se encuentra el centro empresarial de una poderosa empresa eléctrica, hacia la espalda de la nave están los
almacenes del gigante de la venta en internet, mientras que a un kilometro de
distancia, camino hacia el otro pueblo está la cementera más poderosa del mundo
y una empresa que construye toda clase de infraestructuras de enorme
dimensiones; especialmente refinerías. Este es el escenario donde se desarrolla
una tercera parte de mi vida. Lo único que me recuerda que existe un mundo más
allá de esta selva de concreto son dos árboles mustios. Uno de ellos tienes
unas hojas permanentemente cafés, pero no como si se tratara de un bello
follaje otoñal, sino más bien dan una sensación de asco. En el otro árbol penden unas vainas que, en primavera desprenden unas
bolitas que ensucian todo coche que se coloque debajo. Lo único que me recuerda que existe la
belleza en este mundo consiste en el cielo azul y despejado. Lástima que mi
ventana no dé al oeste. Podría ver los atardeceres en invierno. Siempre me han
llamado la atención. Quizá fue mi abuela quien me transmitió ese gusto. De
pequeño recuerdo que una de sus diversiones, en Tequesquitengo, consistía en
sentarse al borde la laguna y mirar al frente al caer el sol. Poco a poco, el
firmamento se convertía en la paleta más variada que pudiera tener cualquier
pintor. Predominaban los violetas y amarillos en un principio. Pero conforme
pasaban los minutos el cielo se enrojecía por momentos como si un ángel se
hubiese cortado la mano y sus gotas de sangre cayesen de las nubes.
Afortunadamente,
mi horario me permite salir de la oficina, cuando aún hay luz de día. Las pocas
veces que he tenido que regresar a casa de noche, me he encontrado con un
paraje hostil y abandonado en el que esperas que surja de entre las sombras un
ladrón a cada paso; especialmente de alguna de las naves abandonadas. En cambio
durante el día, fantaseo con la idea de saltar la valla y explorar esa zona en
busca de tesoros ocultos. Me recuerda el descampado de en frente de mi casa. También
me recuerda un edificio en construcción cuya obra estuvo parada durante años y
al cual era bastante fácil acceder. De hecho más de una vez mi hermano y yo
entramos a jugar en ese lugar pese al peligro que representaba encontrar en un
décimo piso sin ninguna pared o barrera que pudiese impedir tu caída si esta se
daba. Las alturas también me recuerdan aquellas noches en que Alejandro, su hermano Germán y yo, nos dedicábamos a lanzar globos de agua desde una duodécima planta a los escasos coches que pasaban. Afortunadamente nuestra puntería era pésima.
Los camiones y coches que pasan a toda velocidad rompen mi nostálgica evocación de mi infancia y me recuerdan que estoy encerrado en un espacio diminuto para malgastar unas horas de mi vida por un mísero salario.
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