VI. Escribir a mano y
el mundo. (Primera parte)
Decía Jean Paul Sartre en El existencialismo es un humanismo,
palabras más palabras menos, que cada vez que un individuo toma una decisión
decide por el mundo entero. De esta forma, si esa persona elige como carrera
profesional el derecho está poniendo en evidencia su convicción de que en el
mundo debe primar la ley.
Ahora bien, como ya dije en el
primer capítulo de esta serie, yo sólo
pretendo sondear las diferencias creativas que genera el escribir de forma
artesanal –a la antigüita- y aquellas que nacen con el uso de los medios
tecnológicos de nuestros días. Se trata, decimos, de un experimento personal
donde a lo Juan Palomo; yo me lo como, yo me lo guiso, No obstante, no son
pocos los lectores que, tomando al pie de la letra las palabras del autor de la
náusea, e han interpelado indignados, haciéndome acusaciones de inmovilista,
reaccionario y, en pocas palabras, de querer devolver el mundo al siglo XIX.
Si tal fuese mi intención;
imponer la pluma sobre la tecla, y
quisiese rebatir las bondades de los modernos aparatos de comunicación,
alegaría que la mayor parte de los grandes textos revolucionarios que hicieron
avanzar a la humanidad se escribieron con la mano. Desde las declaraciones de
independencia hasta el manifiesto del partido comunista o el j’accuse,
pasando por la declaración de los derechos del hombre, todos y cada uno de esos
documentos consagrados coinciden en que han tenido como punto de partida una
pluma y una hoja. Más aún, haría notar
que el auge de los tecnócratas y la imposición del neoliberalismo que nos ha
llevado a la peor crisis mundial en siglos, viene acompañado de la producción y
venta en masa de ordenadores de los cuales hacen uso los tecnócratas para crear
un nuevo lenguaje y herramientas sólo para iniciados e imponer de esta forma su
tan temido orden mundial, condenando de esta forma a millones de seres humanos
a la exclusión y, al mismo tiempo, haciendo que sea muy difícil rebatirlo por
desconocimiento de ese nuevo lenguaje.
Más aún, podría alegar que los más proletarios, los más puros, continúan
escribiendo a mano por falta de acceso a los ordenadores.
Todo eso y más, podría alegar a
tal punto de que la mayoría me acabaría dando la razón acerca del progreso
innato que conlleva este método de producción. Más estaría faltando a la verdad
y obviando las gigantescas capacidades de difundir y organizar las protestas ciudadanas
como veremos en el próximo capítulo. (CONTINUARÁ) Y ahora los dejo con un reto
imposible. Aquel que consiga descifrar esta doble página, continuación de mi
relato, se llevará no ya una chela sino toda una botella de whisky JB. Tanta es
mi confianza en la victoria que he aumentado el galardón. Demuéstrenme que me
equivoco.
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