Friday, January 13, 2017

Robespierre


Le pusieron de nombre Robespierre porque chingaba a todo el mundo. Al menos esa era la explicación que daba mi padre cuando se le preguntaba al respecto, ya que era él el que había bautizado al felino. No paraba de correr y saltar, como si fuese un potro desbocado y a veces, sin aviso previo, trepaba por entre el cuerpo de la persona que se encontrase más cercana hasta llegar al hombro e instalarse sólidamente ahí. En esas ocasiones no había nada que hacer salvo esperar a que el gato se hartase de posición tan incómoda y bajase por su propio pie. No obstante el descenso le resultaba más complicado que la subida por lo que había que facilitarle la cosa. Lo mejor era sentarse en la cama y reclinar lentamente el cuerpo hacia atrás hasta que el minino viese cerca la cama y se animara a saltar. Había sido recogido de la calle por mi hermano Enrique cuando no era mayor que una pelota de tenis. Tenía un pelaje gris brillante y ojos amarillos. Durante los primeros días todos los miembros de la familia teníamos que tener mucho cuidado de donde nos sentábamos, especialmente si era en una cama, ya que no era fácil distinguir a Robespierre de un simple bulto. Cuando ya tenía un año, las precauciones permanecían. Sin embargo, ahora teníamos miedo de sentarnos cerca de Robespierre porque este no dudaba en atacarnos con sus uñas. Sin embargo, el felino también proporcionaba grandes momentos de diversión cuando los miembros de la familia, especialmente mi padre conversaba con él y lo amenazaba con la aparición del zorro que jala la cola.
-Van a venir el coyote y el zorro para jalarte de la cola y de los bigotes decía en tono amenazante a Robespierre.
Este, haciendo honor a su nombre y  lejos de arredrarse, replicaba en su idioma a dichas amenazas y así ambos se podían pasar horas enteras. Incluso algunas veces la realidad parecía querer ajustarse a la conversación como cuando, en un partido de la selección un jugador de apellido coyote fue derribado en el área. El padre intervino inmediatamente:
-Le jalaron la cola al coyote y el árbitro marco ¡penalti!

Sin embargo, la principal afición de Robespierre, además de tumbarse al sol, consistía en saltar de una ventana a otra en una parte de la casa donde ambas ventanas, que pertenecían respectivamente a la cocina y a la zotehuela,  formaban un ángulo recto. No le importaba que hubiese 4 pisos de caída entre ambas ventanas. Sin embargo un día, tras saltar, se encontró con que la ventana de la cocina estaba cerrada y tras chocar contra el cristal cayó al vacío para aterrizar en el capó de un coche. Gastó 6 de las 7 vidas, pero milagrosamente sobrevivió. Mi madre, preocupada por la salud del minino decidió llevarlo al veterinario. Como diría el chapulín colorado, ella no contó con la astucia del facultativo que le recetó a Robespierre un desinflamante sin considerar que pudiera ser alérgico a la medicina. A las 2 horas murió. Nunca había tenido un gato tan loco y nunca lo he olvidado.    

Thursday, January 12, 2017

El odio de los dioses

III. El político.
Nació en una cuna de oro y nunca le faltó nada. Su padre fue un hombre tenebroso capaz de mandar hacerle una experimental lobotomía a su propia hija con nefastas consecuencias y de carácter derrotista. De él tanto su hermano como el político heredarían su gusto por las mujeres.  Empezó su carrera como cazador de brujas. Su jefe era un hombre siniestro y fanático que no dudaba en perseguir a las personas con su misma orientación sexual, pues se creía que estos podían perjudicar a su nación al ser potenciales víctimas de chantajistas. No obstante, cosas de la vida, este persecutor implacable acabó cambiando  para terminar convirtiéndose en campeón de la defensa de los derechos civiles.
El día en que murió el famoso pastor afroamericano, él no dudó en ir a la caza de votos incluso arriesgando su propia vida. Su discurso en el que citaba a Esquilo y hablaba de qué país querían crear; si uno de ghettos u otro de convivencia, impidió que esa noche hubiese disturbios en ese estado a diferencia de otros de la unión americana. Apoyó a su hermano tanto en la campaña presidencial como en el gobierno y, durante la crisis que casi desencadena el apocalipsis, fue un elemento clave para impedir el horror nuclear. Fue implacable en su persecución del líder sindical corrupto y no tuvo tantos reparos cuando le presentaron un proyecto para asesinar al barbudo isleño. Quería detener la guerra que él y su hermano habían iniciado, acabar la pobreza. Era amigo personal del líder de los parceros, pero él y toda su familia estaban malditos hasta varias generaciones después. Su hermano mayor murió en la guerra, su hermana en un accidente de aviación y su hermano, el que llegara a presidente, cayó abatido. Hasta la fecha se sigue discutiendo si la muerte de éste fue obra de un solo hombre o un complot que involucraría  a las más altas esferas del gobierno. Sólo su hermano menor sobrevivió pese a que la muerte, lo persiguió muy de cerca en un par de ocasiones. 5 años después de ese magnicidio y dos meses tras el asesinato del luchador afroamericano, el político celebraba en un lujoso hotel su victoria en las elecciones primarias del partido del burro. En su discurso de la victoria, mostraba su convicción de que sería el próximo presidente de Los Estados Unidos para demostrar que su país aun tenía mucha compasión y amor que mostrar. Lo abarrotado de la sala le impidieron salir por la puerta principal. Sus guardaespaldas lo condujeron por la cocina del restaurante del hotel. Ahí se encontraba su destino. Fue abatido por un asesino con una pistola de calibre 22.  Su foto tumbado con los brazos en cruz y una mirada perdida al cielo resaltando su fragilidad, mientras que un empleado del hotel le daba un crucifijo, ha dado la vuelta al mundo. El hubiera no existe en la historia, pero es imposible evitar pensar que el mundo entero habría tenido un futuro más promisorio de haber llegado éste al poder en lugar del político tramposo y fármaco dependiente.



Tuesday, January 10, 2017

VIAJE POR EL MAR AMARGO

Encendí un cigarro mientras oía los pasos de Cristina alejarse. Lo había dejado años atrás, pero qué coño, si iba a morir porque no disfrutar de la vida el tiempo que me quedaba. Empecé a oír otros pasos, firmes y fuertes, sobre la crujiente tarima. Me senté en la cama de espaldas a la puerta. Cuando ya estaban muy cerca se detuvieron y sentí entonces el escalofrío de la pistola fría en mi nuca.
-Aquí estás. Acabas de follarte a la tía más rica y viciosa del mundo en todas las posiciones durante los últimos dos días y ahora, siguiendo tus deseos por los cuales pagaste por adelantado, te voy a matar. Por eso te encuentras ahora con mi pistola en la nuca. Claro está que si has cambiado de opinión, no sigo adelante, pero sólo te devuelvo la mitad del pago. Tú verás.
        -Aguántame un rato.
        -De acuerdo, estaré en la cocina.
        ¿Cómo he llegado a este punto? En qué momento decidí contratar a un asesino a sueldo y una supermodelo para alegrar mis últimos días. Pensar que unos meses atrás, pese a mis problemas, me sentía el rey en China. No es que Shanghái sea una ciudad alegre, pero sí resulta una de las más estimulantes. Me recuerda el DF en donde vivía a tope; me sentía capaz de cualquier cosa. No como en estas pinches ciudades europeas en las que pareciera que toda tu trayectoria está ya definida y nunca vas a poder aspirar a nada; sobre todo si se trata de algo nuevo. Es cierto que los pinches olores de la ciudad china no son los más agradables que digamos. Cualquier parte a la que iba, durante la primera semana, me parecía percibir una mezcla de mierda y comida. En mi departamento era peor aún la cosa. El suelo de los pasillos y de las zonas de los ascensores variaban según el piso en el que te encontraras. Una vez, por despiste, me fui al penúltimo piso y me encontré con un más que decente suelo de loseta roja acompañado de unas plantas, a diferencia del de mi piso que era de vil cemento y cuya decoración se reducía a los basureros comunales. Por la parte del ascensor teníamos toda la mierda del edificio, sin embargo, por la parte de las escaleras, estaba la mierda que generaban por si solos mis queridísimos vecinos.  No sé qué era peor. La primera vez que llegué ahí pensé en lo caro que sale lo barato como dice el refrán. Sin embargo, el departamento sí tenía todo lo que quería. Tele y video, lavadora y maquina de secar, cocina y sobre todo una cinta de correr, además de los muebles necesarios. Tuve que pasar todo el fin de semana limpiándolo, pero al final no me resultó desagradable. Al principio intenté darle un repaso cada fin de semana, pero cuando ya me quedaban quince días y me faltaba una visita a Hong Kong de varios días, decidí dar rienda suelta al alien para que se volviera a apoderar del lugar.
        El viaje a la isla fue lo que más disfruté de todo el viaje. En apariencia era como estar en un Londres tropical, pero lo que me hacía sentir vivo era el simple hecho de poder comunicarme con quien quisiera en inglés. No todos lo hablaban, claro está, pero sí lo chapurreaban en el peor de los casos. De lo único que sí me arrepentí en ese viaje fue de la visita al monasterio budista situado cerca del aeropuerto. Tenía una reunión muy cerca de China continental y luego tendría que desplazarme otra hora en transporte público para llegar a la estación donde se tomaba el teleférico que, finalmente, me llevaría al templo. En el camino de ida me puse a platicar con una muchacha que se encontraba a mis espaldas y, puesto que había recuperado la posibilidad de comunicarme fluidamente con el resto de la humanidad, quise hacer uso del habla. Apoyé mi espalda a la ventana y me puse mis piernas encima del banco; solo los pies sobresalían. El pretexto sobraba, pero como en un momento dado había una bifurcación en el camino, le pregunté si había tomado el tren correcto. Ella me dijo que sí y aprovecho para preguntarme que de donde era. Jugué a las adivinanzas un rato y, finalmente, le dije que era mexicano. Podría haberle dicho que provenía de cualquier país europeo, pero pensé que para una china sería más exótico decirle mi verdadero lugar de proveniencia. Al mismo tiempo, pase mi brazo por encima del respaldo del banco, le puse la mano en el hombro y le dije, en tono tranquilizador, que no se preocupase porque no había estado en mi país desde hacía dos años. Eran los días de la influenza y los chinos y los hongkonitas estaban histéricos con el tema de la plaga apocalíptica. Se pensaban que todos actuarían igual que ellos con la crisis aviar, escondiendo las cifras a los organismos sanitarios. De hecho, estoy seguro que no me habrían dejado entrar si hubiese presentado mi pasaporte mexicano en la aduana. Una noche, durante los primeros días en Shanghái, me intoxiqué con una lata de atún en mal estado. Mi primera reacción fue ir al médico y, de hecho estaba muy cerca, de un hospital en el que hablaban inglés. Pero después de reflexionar un poquito cambié de opinión. Acabarían pidiendo mis papeles y viendo que nací en chilangolandia, y eso acompañado de la fiebre que tenía, sería motivo suficiente para aislarme una semana. Cómo sabía la causa de mi enfermedad o al menos me latía que se trataba de una gastroenteritis, decidí aguantarme toda la noche a ver qué pasaba. Poco a poco fue cediendo la fiebre y, al día siguiente ya estaba bien, aunque cansado. A la vuelta de Hong Kong, me hicieron pasar 3 controles. Uno con el termómetro laser antes de subir en el avión. Otro al llegar a Shanghái en el avión y nuevamente con el mismo termómetro. La peculiaridad de este segundo control era que los que lo hacían iban preparados para una guerra bacteriológica con todo y escafandra. Si un solo pasajero daba positivo, se empleaba entonces el termómetro de mercurio tradicional. En caso de persistir la fiebre del susodicho, todos los pasajeros eran debidamente puestos en cuarentena. Pero, por si no fueran pocas estas medidas, todavía faltaba, al llegar a la aduana, pasar por debajo del arco térmico. Como si en 5 minutos fueran a mostrarse los síntomas de la enfermedad. Tras tranquilizar a la muchacha iba a retirar mi mano de su hombro, pero ella la cogió con sus dos manitas y me dijo que me iba a leer la mano.

Historia de un trámite burocrático

-No, no y no. Usted no puede venir a esta oficina a tramitar el documento como si se tratase del patio de su casa. Debe pedir una cita previa.
-Pero mi abogada me dijo que…
-Su abogada sabrá mucho de derecho, pero está claro que no tiene ni idea de los procedimientos de hacienda aprobados por el mismísimo ministro. No obstante si no me cree puede coger un papelito y esperar a que los de la ventanilla le repitan lo mismo.
-Eso haré.
El guardia se retiró para seguir controlando la llegada de nuevos contribuyentes a la oficina. Eran las 9 de la mañana y Gustavo había sido el primero en entrar, pero durante la discusión con el guardia otras personas que si tenían cita previa habían cogido su papelito, por lo que su madrugón había sido en vano. La maquina le daba varias opciones y entre los trámites que, según la máquina no requerían de cita previa, estaba la obtención de un primer NIF. Al verlo, su fe en las palabras de su abogada se consolidó. El policía debía estar harto de aquellos que se querían colar sin cita previa y a todo debía decir que no sin conocer las excepciones.  Sabía que perdería gran parte de la mañana sacándole el número de NIF español a  su madre, documento imprescindible para el trámite de la herencia que le había dejado su  prima.  Se sentó y esperó pacientemente leyendo una novela de Coetzee cuyo título Desgracia no le auguraban nada bueno.  De cuando en cuando levantaba la mirada para ver el oráculo en forma de plasma que anunciaba al número. Elegido. Tenía que esforzarse por descifrar los números y letras pues el lugar era bastante oscuro lo cual no impedía que corriera un molesto viento cada vez que se abría la puerta que, a su vez era el único acceso de luz del edificio. Hacía las 10 de la mañana 5 de las 10 personas que estaban antes que él ya habían pasado. Finalmente al cuarto para las once ví como la pantalla marcaba mi número . Ufano me levanté de mi butaca y me acerqué al puesto número 13. Ahí se encontraba un funcionario mayor de orejas grandes, mirada de brillo burlón que se convertía en maligna cada vez que el personaje reía. Portaba gafas. Tenía el pelo entrecano peinado hacia atrás y, por encima de todo, dominaba su faz una horrible nariz  aguileña de grandes proporciones.
-DNI – espetó el funcionario Montes Toro, según rezaba el cartel al borde de la mesa, sin siquiera saludar.
-234567-Y
-Ud. no ha pedido cita –me recriminó tras teclear los números en su ordenador.
-No me hace falta.
-¿Cómo que no le hace falta? ¿No sabe usted que todo ciudadano que venga  a estas dependencias debe pedir cita previa? Podría entenderlo por su procedencia extranjera si llevase tan solo un año aquí, pero su dni es de hace 20 años por lo que ya se podría haber coscado de cómo van las cosas aquí.
-Mi abogada me dijo que no necesitaba cita previa. Su máquina expendedora de números afirma lo mismo y, según estoy leyendo en este momento en mi Smartphone, en la página web del ministerio, las personas que vienen por su primer NIF no necesitan cita previa. Véalo si no me cree –dije acercándole la pantalla de mi teléfono a la cara.
-Quíteme ese chisme de encima. Esa salvedad solo se aplica a los menores de 14 años que viene por su primer documento de identidad.
-Pero mi madre nunca ha tenido dicho documento.
-¿Es española y nunca ha estado marcada en nuestras bases de datos? ¿Cómo es posible?
-Lleva 60 años viviendo fuera.
-A ver explíqueme para que quiere el documento.
-Verá mi madre ha sido nombrada heredera de mi tía segunda y necesita este número para poder pagar el impuesto de sucesiones.
Según dijo las últimas palabras, los rasgos crispados del funcionario se suavizaron y  su voz transmitió, por un momento, cierta calidez humana cuando dijo:
-Por supuesto. ¡Tiene ud toda la razón! Tenga la amabilidad de sentarse.
En menos de 2 minutos, Gustavo salió de la oficina con el documento que requería 

Saturday, January 07, 2017

LA VENGANZA DE ARTHUR CONAN DOYLE



LA VENGANZA DE ARTHUR CONAN DOYLE
Desde el momento en que maté a mi criatura, empecé a recibir esas malditas cartas. Primero me suplicaban como niños al pie de sus camas, como si yo fuese Dios Todopoderoso, para que cambiase el destino. Sin embargo, cuando se dieron cuenta de que no accedía a sus ruegos pasaron a amenazarme. Fue entonces cuando descubrí la ralea  de mis lectores y cuanto daño había hecho creando a Sherlock Holmes. Mi madre me había advertido sobre el peligro que me esperaba si acababa la vida de Sherlock, pero jamás pensé que llegarían tan lejos. Se creían dueños del personaje y peor aun desafiaron las mismas leyes de la naturaleza proclamándome, muy a mi pesar, un dios capaz de quitar y dar vida de nuevo. Al final, después de una década de desprecios y amenazas, accedí. Resucité a su ídolo y asumí mi destino de pasar a la posteridad como un autor menor, carente de una gran profundidad intelectual en sus obras. Adiós a mis novelas históricas que me iban a convertir en el Walter Scott de principios del siglo XX. El cocainómano, extravagante y exhibicionista detective será mucho más recordado que yo; su padre, que siempre llevó una vida recta emulando a los griegos, mezclando la labor literaria con la práctica del deporte para  dignificar mi cuerpo.
Nunca me perdonaron mis lectores. Y por supuesto, fue un gran error de mi parte presentarme en 1900 como candidato de la Unión Liberal. A falta de valor para enfrentarse a mí en la calle  -sabían de lo que era capaz cuando boxeaba-, me retiraron su apoyo en las urnas. Así colmaron su venganza los muy mezquinos, sin importarles que se condenaban al mismo tiempo a ser representados por un candidato de menores atributos que yo. No les bastó a esa gentuza que les entregará la mejor de las aventuras del detective y de su amigo, el médico despistado, dos años después. Querían mi claudicación y última humillación. Y como suele decirse las desgracias nunca vienen solas. Al poco tiempo, se diagnosticaba la enfermedad mi querida “Touie”. A los dos años de la resurrección de Sherlock, moría ella de tuberculosis. Nada se pudo hacer, pese a ser tratada por los mejores especialistas. Incluso la llevé a Suiza, invocando un milagro que no llegó. Veinte años fue mi compañera. Lo soportó todo; mis depresiones por no poder hacer una obra grandiosa y las amenazas de los lectores. Siempre apoyó mis decisiones. Y pese a que ella también admiraba mi criatura nunca, absolutamente nunca, me hizo el menor reproche al respecto. Afortunadamente, el tiempo lo cura todo y así un año después ya me había vuelto a casar con Jean Elizabeth. Sí,  las gacetillas de la época se burlaron del poco tiempo pasado entre la muerte de mi primera esposa y mi segunda boda. Incluso hubo quien citó los versos de Hamlet. Y en efecto, tenían razón. Jean y yo nos conocíamos de antes, pero nunca fuimos amantes por respeto a Louise. De hecho, no me arrepiento de haber mantenido una relación epistolar y platónica con ella. Sin embargo, ni siquiera esta unión me sosegó. Peor aún fue la cosa cuando ella misma me confesó que había estado a punto de romper nuestra relación, cuando tome la decisión de tirar precipicio abajo al detective. Fue la mayor humillación de mi vida. Sentí como si ella me hubiera engañado con el otro.  Por eso tenía que vengarme, aunque fuese lo último que hiciese. Me enteré por un joven francés de las excavaciones que se estaban haciendo cerca de mi casa. El joven, dicho sea de paso, quería revestir sus aspiraciones místicas de cierta base científica, para explicar la creación de la tierra y la evolución del ser humano. Por ello estaba muy interesado en la paleontología, como si se pudiese llamar ciencia a tal charlatanería.
A partir de ahí mi cerebro se puso en marcha para idear un crimen que ni mi misma bestia fuese capaz de descifrar. Por supuesto, después de eso ya habría cumplido mi ciclo vital y no necesitaría seguir en pie más tiempo. De hecho busqué una muerte digna al servicio de su majestad; en el ejército. Empero, los necios de la oficina de reclutamiento rechazaron mi solicitud por tener 55 años. Me jubilaron sin derecho a objeción, pese a que me seguía manteniendo fuerte y mi voz aun era clara y firme. A cambio, para halagarme, me dijeron que sería más útil haciendo propaganda para el esfuerzo de guerra, como el actor cobarde del bigotito. Pese a todo, hice lo que hice por Inglaterra y porque, me consolaba yo, de esta forma ayudaba a mi hijo en el frente. Sin embargo, ni todo mi esfuerzo propagandístico pudo impedir  que Kingsley también enfermara y muriera a falta de 2 semanas para el final de la Gran Guerra. Al intentar alistarme en 1914 buscaba secretamente protegerlo, pero también deseaba una muerte digna. Ese día la encontré bajo la más dolorosa herida que pueda soportar un padre. Me alegro de que “Touie” no haya tenido que pasar por ello.  Dios, quiso sin embargo, proporcionarme un consuelo en mis últimos años y me permitió ponerme en contacto con ellos a través de mentes claras. Mediums les llaman y en efecto son un medio de comunicación incluso más potente que el teléfono, ya que si este lleva la voz a través de las distancias, estos en cambio trasponen la frontera más inescrutable de la humanidad. Tanto así que solo un hombre ha podido cruzar la vida y la muerte a su voluntad. Cierto es que se trata de una comunicación unidireccional y fragmentaria, pero no todo se puede tener en esta vida. Pese a mi impostura, no creo ser digno del castigo de no reencontrarme con ellos y, por otra parte, me alegro de que la policía no crea en estos medios de comunicación porque si no me llamarían de mi otra morada para declarar.
Theillard se llamaba el joven francés que me descubrió involuntariamente las excavaciones de Charles Dawson. En realidad, lo hizo en una posada mientras que hablaba apasionadamente de los avances de Dawson. Estaba tan ensimismado en su conversación que ni siquiera se dio cuenta de que me encontraba a su espalda. A mí siempre me ha parecido una payasada esa seudo ciencia llamada paleontología, pero había algo en la verborrea de ese francés que no se podía negar. Puesto que el ser humano llevaba miles y miles de años pisando la tierra, donde si no en Europa y más concretamente en Inglaterra, se podrían encontrar los restos más antiguos de nuestros antepasados. A fin de cuentas, esta región del mundo era la más avanzada y próspera y eso no se podía deber a otra cosa más que, al estar más tiempo en la tierra, los habitantes de este continente y más concretamente de estas islas habían desarrollado antes su ingenio e inteligencia, que a la postre nos permitiría dominar el mundo. El hecho de que hubiera otras culturas poderosas antes que la nuestra, sólo se podía deber a la falta de medios de comunicación, que nos mantenían en un maravilloso aislacionismo como diría Lord Palmerston. No obstante, una vez que nuestras islas se quedaron pequeñas para nuestras necesidades y que hubo que luchar con los demás por nuestro espacio y materias primas, fue cuando prevalecieron nuestros ingenios y habilidades milenarias. Primero nos hicimos los dueños del mar derrotando a la armada española y, a partir de ahí, conquistamos el mundo entero. Nunca nación alguna ha poseído colonias en todos los continentes a la vez y nunca se repetirá esta situación.   Y, por  supuesto,  si se encontrasen los restos de este Adán primigenio no podrían tratarse más que de los restos de un hombre ya que como la propia biblia lo menciona, primero fue el varón. Digan lo que digan las locas sufragistas. Pero una cosa es eso y otra muy distinta el excavar al azar en busca de un ser mitad hombre mitad mono del cual, según dicen las petulantes teorías modernas, descendemos. Estos charlatanes se atreven a dictaminar la edad de la tierra en millones de años a través de procesos ridículos. No obstante, esta noche me vengaré tanto de esos payasos como de mi propio personaje que me apartó de la gloria literaria y me convirtió en un mero escribano de unas investigaciones que, sin carecer de ingenio, no revisten ninguna profundidad intelectual ni aportan interpretación alguna de los pasajes claves de nuestra historia. Tengo en mis manos este cráneo que encontré en Escocia, en un paraje olvidado de la mano de Dios, y tengo también esta mandíbula de un primate que me trajo un amigo tras vivir varios años en Kenya. He trabajado durante meses limando la mandíbula para que encajase a perfección en el cráneo, he igualado los colores de ambas partes con el fin de que parezcan una sólo pieza. Finalmente, ya solo me queda retornar esta noche al lugar de las excavaciones y, cuando ya no haya nadie, depositar en el suelo mi engendro y cubrirlo con un poco de tierra en alguna zona donde ya se haya empezado a remover, para evitar levantar sospechas. Después de esta noche, los incrédulos creerán que han encontrado el eslabón perdido y se precipitarán en llevarlo al museo como prueba del triunfo de la ciencia sobre la religión e incluso hablarán de una era Dawsoniana, pero toda esa autocomplacencia se desvanecerá como un zucarillo en una taza de té cuando se descubra, muchos años después espero, la impostura. Y ya para entonces todos los implicados, salvo quizá el joven Theillard, estaremos muertos por lo que será más difícil, aún si cabe, descubrir al criminal. Quizá lleguen a sospechar de mí. A fin de cuentas mi rechazo a la paleontología y el hecho de que viva cerca de las excavaciones me convierten en sospechoso. No obstante también lo será el propio Dawson al que se le puede acusar de buscar la gloria o quizá alguno de sus enemigos por no citar al mismo Theillard. Es decir seremos legión y como la ciencia no tiene los elementos necesarios para discernir la autoría del crimen, la impunidad perseverará. Habré cometido un fraude que ni siquiera el mismísimo Sherlock Holmes podrá descifrar.

 


Thursday, January 05, 2017

Conversación implícita entre un avispón y un filósofo


- Estoy encerrado –dice el insecto.
-Menudo avispón. Lo ignoraré hasta que salga. Yo a mi partida de ajedrez -concluye el filósofo.
-Vuelo y no logro liberarme  -comenta angustiado el ser alado.
-Me distrae. La puta máquina me comió la reina  –constata irritado el filósofo-.
-No puedo. Será mejor descansar  un rato –dice jadeante el avispón.
-Tengo que ayudarlo. Lo llevaré a la ventana –decide el pensador.
-¿Por qué me acerca éste ese objeto blanco y negro? Lo inspeccionaré –afirma  el ser alado.
- Está sobre el diario -piensa para sí el pensador.
 -Todo se mueve. Él me tendió una trampa. Ahora verá –amenaza el himenóptero.
-¡Será cabrón! Me atacó, pero lo esquivé. Abriré la ventana y  esperaré a que salga –pronostica el devorador de libros.
-Lo Juzgué mal; solo quiere ayudarme. Ya salgo. ¡Ay! –grita el Vespa crabro.
-Será imbécil Meterse justamente entre las dos hojas. Lo maté –confiesa el que solo sabe nada-. Será mejor sacarlo.
-Nunca te fíes de un ser bípedo –concluye agonizante el insecto de la familia Vespidae.

-Esto demuestra la futilidad del esfuerzo humano. Buscamos ayudar a los demás y acabamos destruyéndolos –concluye existencialista el hombre-. ¡Qué vida!  

Tuesday, January 03, 2017

El odio de los dioses

II. El poeta pacifista

Nació en mitad de un bombardeo y por ello sus padres insertaron en medio de su nombre, el del estadista que dirigía el país y que es conocido en todo el mundo por sus célebres frases. No obstante, nacer en medio de una guerra o quizá por ese mismo hecho, este moderno bardo y artista llegaría a ser conocido en todo el mundo, amén de por sus canciones, por su incesable lucha contra la guerra. Su primer conflicto, a los 6 años, fue elegir con quién vivir; con su padre o con su madre. Al final se quedó con su tía. Años más tarde recuperó el contacto con su madre antes de que un policía la atropellara.
                Con poco más de 20 años, él y sus amigos de la misma ciudad portuaria recorrieron las su isla tocando canciones propias y ajenas y tras el inesperado éxito inicial, recorrieron  el mundo entero. En aquel entonces, sus baladas estaban orientadas a un público adolescente y se componían de ritmos vibrantes y letras sencillas que exaltaban el amor. Sin embargo después de un viaje a España para rodar una película y del encuentro con un profesor que lo admiraba y empleaba sus canciones para enseñar inglés a sus alumnos, se dio cuenta de la trascendencia de su obra. A partir de entonces todas las letras  de las canciones del grupo aparecerían en los discos. Además conscientes del alcance de sus palabras, él grupo cambió sustancialmente su estilo para incluir canciones más maduras y profundas que buscaban externalizar la importancia del amor, de los amigos o incluso dar a conocer, la experiencia del consumo de drogas desde un punto de vista muy sicodélico, todo ello cogiendo como excusa el dibujo hecho por su hijo de 4 años. Aquel disco con la foto de decenas de celebridades acompañando a los miembros del grupo vestidos de forma estrafalaria fue, sin lugar a dudas, la cumbre de su carrera. A partir de ahí comenzó un duro descenso en el que se sucedieron, la muerte del promotor que los había descubierto, los pleitos internos y una nueva relación con una mujer asiática a la que los seguidores del grupo acusarían de la ruptura de la banda así como de todos los males del universo.  Todo eso pese a la publicación de unos discos inmortales y una espontanea aparición en el techo de su empresa discográfica. A finales de los 60 el grupo se separó.

Su nueva vida en solitarios empezó con la publicación de un sueño de amor y unión universal, con temas referentes a la clase obrera. Libre de ataduras, luchó denodadamente por la paz y venció al mismísimo FBI cuyo jefe lo quería echar de los Estados Unidos. No obstante, tanta persecución, tanto pleito legal pasaron factura. Su relación con su esposa asiática se deterioró, provocando una separación de varios meses que se conoció como el largo fin de semana perdido y que duró exactamente 14 meses de juergas y desenfreno. Finalmente, la mediación de un amigo cantante consiguió reunir nuevamente a la pareja. El mismo día en que cumplía 35 años y vencía en los tribunales al instituto de inmigración, su esposa dio a luz a su segundo hijo.  Decidió comprometerse en la educación de su nuevo  hijo a tal punto que dejo de componer canciones durante 5 años. No obstante, por mucho amor que tuviese a su nuevo hijo, era imposible que dejara de ser el genio musical. Por ello en 1980 volvió a los estudios y aunque la crítica no recibió con mucho ánimo su nuevo trabajo, él estaba satisfecho con su nueva  vida y lleno de esperanzas con respecto a su futuro. Una de las canciones, dedicada a su hijo menor, hablaba de su impaciencia por verlo en edad adulta. Un futuro glorioso, no basado en la espuria fama, se abría ante él cuando los dioses decidieron actuar. Su venganza, a diferencia de lo ocurrido con el guerrero, fue inmediata. Convencieron a un hombre de asesinarlo. El primer intento falló, pues el asesino no esperaba que el poeta se acercase a él y le firmase un ejemplar de su último disco. Lejos de retirarse agradecido, el asesino esperó todo el día y cuando el poeta pacifista se dirigía al interior de su casa, éste le disparó cobardemente 4 tiros por la espalda. Todo el mundo lloró su muerte.

Saturday, December 31, 2016

Elogio de la serpiente

Muchos me odian. Querrían volver a un pasado que sólo es idílico en sus cabezas. Y sin embargo, yo los liberé a medias. Me odian porque les han vendido un cuento en el que todo era dicha, amor y armonía. Dicha competitividad provocó que un hermano matara a otro. Sin embargo, yo recuerdo esa tierra de manera distinta. Todo era mansedumbre y competitividad por agradar al amo. De ahí surgió una  competitividad feroz por agradar que derivo en el asesinato de un hermano matara al otro.  Ninguno de aquellos seres que habitaban aquellos lares se consideraba digno de vivir per se; de tal manera que si el amo lo hubiese dispuesto ellos habrían inclinado su cerviz gozosos de ser elegidos para el sacrificio. No faltó, más adelante, quien colocara a su hijo en el ara para ejecutarlo con su propia mano. Afortunadamente, el amo tuvo un gesto misericordioso en aquella piedra y paró el brazo ejecutor del infanticida. La única labor de los siervos era la de obedecer y creían que en eso consistía la felicidad y lo peor es que, pasado el tiempo, persiste esa mentalidad zombi. Véase sino los militares aferrados a sus cadenas de mando. Me odian. Me llaman reptil y dicen que deberían haberme pisoteado en el fango. Incluso han hecho estatuas en las que una mujer me aplasta con su pie la cabeza inmisericordemente; ellos que proclaman el amor como máxima virtud. Y lo que es más. No los recuerdo tan afligidos cuando les di las llaves de sus grilletes. Claro que para ello, tuve que estudiarlos con atención. Estaba claro que una rebelión en la granja sólo era posible en la cabeza de un autor de ciencia ficción. En el mundo real se necesita humanos para encabezar una revolución. La mía empezó de la mano de una mujer a la que conocí desde su nacimiento. Supe desde el primer momento que ella sería mi aliada. Era más joven y curiosa que su padre. Tenía ese brillo interrogante en la mirada en busca de más respuestas y estaba claro que Adán era incapaz de satisfacerla. En realidad, apenas tuve que convencerla de nada. Ella misma ya estaba llegando a las mismas conclusiones que yo. Pero convencer a Adán de las ventajas del estudio sería algo más complejo. Había que apelar a su ambición. “Sabrás distinguir el bien del mal. Serás Dios” fueron las últimas palabras de ella para convencerlo. Ávido de poder, no dudo en masticar el fruto que ella le ofrecía. Inmediatamente se presentó el amo. Inquirió y Adán, que había perdido su temporal aplomó acuso a Eva. Ella, no más valiente, me acuso a mí y así quedé maldito para siempre. Supongo que me lo merezco por haber confiado en ellos, al igual que ellos se merecen el seguir siendo esclavos aunque el amo haya cambiado de nombre y forma a través de los siglos. Otros han intentado con el tiempo su propia rebelión, pero siempre han terminado derrotados o vendiéndose a los nuevos amos que, en la actualidad, tienen la forma de un trozo de papel rectangular y verde. 

Thursday, December 29, 2016

El odio de los dioses

I. El guerrero.


Era guapo, fuerte y lenguaraz. A diferencia de la mayor parte de los miembros de su raza que, fruto del yugo al que habían sido sometidos durante décadas, se mostraban siempre cautos e inseguros frente a los blancos, él no dudaba en exponer su pensamiento le pesase a quien le pesase. Confiaba plenamente en sí mismo y nunca mostraba miedo alguno. Era conocido por sus múltiples victorias en el ring donde flotaba como una mariposa. Incluso había patentado el golpe fantasma con el que era capaz de acabar con sus rivales sin que éstos se enteraran de qué les había pasado. Sin embargo, toda aquella gloria de los puños, incluida la recuperación de la corona de los pesos pesados en el Zaire, quedaría opacada por la que sería su mayor gesta y que ocurrió fuera de los cuadriláteros. Como anticipo de lo que llegaría a hacer había arrojado su medalla de oro, ganada en tierras lejanas, tras ser expulsado de un restaurante por el color de su piel. Los 5 aros unidos eran una mentira como acababa de constatar tras ser expulsado de un restaurante por el color de su piel. Años más tarde, el tío Sam quería usarlo como un elemento propagandístico para azuzar a todos los norteamericanos y especialmente a los afroamericanos, a luchar en Vietnam. Él era consciente de que su decisión influiría en la vida de miles. Si se alistaba, muchos irían y morirían en el país asiático sólo por seguir al campeón. Además sabía que los orientales no eran los que le estaban jodiendo la vida con su odio racista. Su enemigo, en definitiva, no estaba allende mares sino en su propio país. Además sus creencias le impedían participar en todo conflicto militar.  Por todo ello se negó a ir a la guerra en un tiempo en el que “Green Beret” era la canción más escuchada en los Estados Unidos. Hasta ese momento, todo se le había perdonado. Años atrás arrojó una moneda de metal al río porque consideraba, dado el racismo que vivía en carnes propias, que la imagen de los círculos unidos no era más que una gran mentira. Su amistad con líderes de su propia raza  y su militancia religiosa tampoco eran bien vistas, pero incluso eso se le podía perdonar así como su extravagancia de cambiarse nombre, pero  negarse a apoyar la propaganda de guerra del imperio, eso sí no tenía perdón de Dios. Había que acabarlo y la mejor manera era despojarlo de lo que ningún humano podía con los puños; su título de campeón del mundo. Y por supuesto, la cosa no quedaría ahí. Había que encarcelarlo. Creyeron que con eso lo destruirían o mejor aún lo obligarían a hincar la rodilla y pedir perdón. Lo habían juzgado mal. Él valía para mucho más que darse de golpes en el ring y así lo demostró con sus conferencias, con sus sesiones de modelaje posando como un san Esteban saeteado. Y entre más quisieron sus enemigos hundirle la espada, más grande consiguieron que fuera su resurgir. La amenaza de la cárcel la logró evitar por la negativa del ministerio de justicia a explicar porque no se aceptaba la objeción de conciencia esgrimida por el púgil. Todos los jueces le dieron la razón con lo que se puede decir que venció por nocaut al gobierno. Tiempo atrás, el héroe había conseguido que le dejasen volver a  pelear. Y había conseguido que el actual campeón del mundo le concediese la pelea por el título. Sabido es que su rival incluso le había ofrecido dinero para ayudarlo a entrenar sin preocupaciones. No obstante la fama, llevaron al campeón del pueblo a cometer uno de sus más terribles errores, comparable al de mantenerse  fiel a los líderes del movimiento religioso y romper la amistad con el famoso predicador de apellido en forma de incógnita. Eso no impidió que llorara cuando su otrora amigo y guía fue asesinado. El error del guerrero, en esta ocasión con respecto a su contrincante, fue el de menospreciarlo, por una parte y por la otra burlarse de él e insultarlo como parte de su guerra sicológica que tan buenos resultados le habían dado frente  a otros. Merecía perder y cayó desde lo alto de su soberbia a lo bajo de la lona. La herida fue profunda. Una famosa cantante de música disco lloró entre sus piernas cuando él se recuperaba de los golpes recibidos, ya en el camerino.   Su rival, el hombre que había derrotado por primera vez a la leyenda, no pudo retener  el título mucho tiempo. Otro monstruo con apellido de célebre actor lo destruiría meses después. No obstante el hombre que había cambiado su nombre, ya que el que le habían dado sus padres era un nombre impuesto por los esclavistas de sus antepasados, no pudo pelear inmediatamente contra el nuevo rey. Tenía que hacer méritos y, entre otras cosas, vencer a aquel que lo había visto caer. Fue una pelea memorable el otrora vencedor resistió todo el castigo, todos los aguijonazos que le mandaba su danzarín rival, pero finalmente en el decimo cuarto asalto decidió ya no salir. Era suficiente. Ahora sí el rey había cruzado el desierto y estaba dispuesto a recuperar el trono que con malas artes le habían arrebatado. Más los caminos del señor son inescrutables. Un promotor oportunista y tramposo de pelo electrificado decidió, con gran acierto, darle la oportunidad en el corazón de África. El renacer del reinado del boxeador ocurriría en lugar de sus orígenes. Pero no todo iba a ser combate. Los promotores y el dictador aprovecharon el marco para realizar un excelente festival de música y danza del cual aun se habla hoy en día.  Aquella noche, el profeta del cuadrilátero empezó con su tradicional baile y sus certeros golpes, mas pronto se dio cuenta de que esa estrategia no le valdría esa noche. Ya tenía 32 años y no podría bailar los 15 asaltos. Tenía que agotar a su rival por medio del dolor recibido. Esa sería su última penitencia; aguantar los golpes de la momia y esperar pacientemente a que esta se cansara. Cuando esto ocurrió, él conecto una serie de golpes a su rival quien falto de aire dobló sus rodillas y besó la lona. El milagro se había producido. El rey volvía a ocupar su trono. Años más tarde, los dioses, envidiosos del éxito de este joven gladiador, decidieron castigarlo privándolo del control de sus movimientos. Fue una larga lucha como la que obtuvo al encender el pebetero olímpico en la inauguración de unos juegos olímpicos llevados a cabo en su nación, sin embargo, al final consiguieron lo que casi ninguno de sus rivales había logrado, inmovilizarlo y callarlo para siempre. Sin embargo, no han conseguido acallar el recuerdo del más grande boxeador que viera jamás la tierra. 

Wednesday, February 10, 2016

LA CIÉNAGA DE ANTONIO MIGUEL MORALES

La verbena, el jolgorio popular y una noria que traslada a Migra un policía fronterizo al cielo para luego bajarlo a la cruda realidad de la tierra parecieran ser el marco en el que se va a desarrollar esta obra de otra. Sin embargo, este escenario y la alegría que simula tan sólo son una fachada que nos sirve para la presentación de los personajes. Migra, un policía fronterizo autoritario y gustoso de ver a los demás por encima, Hurón feriante en extremo curioso como el animal cuyo nombre porta, Juan Patria figura notable de la región y su sirvienta esclava María Selva. Todos los nombres están cargados de intención.
Los diálogos de estas dos parejas conformarán La ciénaga. Pero ¿podemos hablar realmente de diálogo? A lo largo esta obra vemos como los comentarios  de Hurón y María Selva acerca de las condiciones de trabajo y las formas en que llegan los inmigrantes, llamados en todo momento los extranjeros, tan sólo reciben una callada como respuesta de Migra y Juan Patria. No se trata en este caso de un silencio que otorga sino más bien de una concesión temporal por parte de sus interlocutores que rechazan cualquier atisbo de verdad en las palabras del otro. En ningún momento aportan argumentos a sus puntos de vista, tan solo niegan o buscan romper el discurso con gritos, carcajadas, descalificaciones e incluso el uso de la violencia. La fidelidad a su pensamiento pareciera ser condición para prosperar en la región como menciona el propio Migra: “En la frontera uno no pasa hambre si sabe cual es su lugar./ Por supuesto debe pertenecer a él./ Uno no puede elegir el lugar al que quiere pertenecer./ Faltaría más.” No obstante, los silencios no pertenecen únicamente a Migra y Juan Patria. Hurón y María Selva también recurren a ellos como una forma de resistencia ante las órdenes del agente y del amo de la maquila.
“ Hurón: La gente dice cosas./ Migra: ¿Qué cosas?/ Hurón: Tú las sabes tan bien como yo./Migra: ¿Qué cosas?/ Hurón: ¡Tú las sabes mejor que yo!/ Migra: ¡Habla!/Hurón: ...”
En el caso de María selva el silencio va más allá y se convierte en un arma que desquicia a Juan Patria.
“María Selva: Mmmh.../Juan Patria: ¡He dicho que hables o te arrancaré los /dientes!”
No obstante este diálogo silencioso a ratos es el que permitirá desgranar las miserias de los inmigrantes que buscan un mundo mejor. En ese sentido cabe resaltar la economía de recursos de la que hace gala Antonio Miguel Morales refleja todo el infierno que debe afrontar los inmigrantes en su viaje a la tierra que ellos creen prometida. Tal es el caso de los ojos de los inmigrantes que, de cuando en cuando, encuentran los pescadores y les hace enloquecer pues en ellos se puede ver todo el horror por el que han tenido que atravesar los extranjeros para llegar a este punto.  Los hundimientos, la denigración del ser humano al que llaman mosca, las vallas gigantescas representadas en forma de redes, el desdén cuando no odio de todas las autoridades, etc… Antonio Miguel Morales no recrea esos sufrimientos, más bien consigue hacérnoslos vivir a través de las descripciones de Hurón.
Ahora bien, si el espacio abierto de la ciénaga representa un espacio lleno de peligro, la tierra firme y más concretamente el cortijo de Juan Patria viene a ser el infierno.
Como afirma en el prólogo Raúl Cortés: "Retrato de nuestro tiempo, La ciénaga es estupor y es lamento, dolor ante la incomprensible herida sangrante del otro, del desterrado, del extranjero. Urge hoy un teatro valiente, como La ciénaga, y autores arrojados, como Antonio Miguel Morales, capaces de abismarse en los vacíos que han dejado la filosofía [...] La mayoría de las obras tendrán el gesto esforzado de la espera, su temor y su angustia. Solo unas pocas, en cambio, desprenderán el destello afortunado del Acontecimientos: La ciénaga forma parte de las elegidas. 

 LOMBERA 2016