Monday, January 30, 2017

EL SUPERVIVIENTE

De todas las personas que he conocido y conoceré en mi vida, ninguna me ha resultado tan fascinante como la de mi amigo Andrés; llamado así en homenaje al pueblo en el que nació. El municipio se encuentra ubicado en la zona montañosa de su estado natal. En él se firmaron unos acuerdos con la guerrilla que el gobierno nunca pretendió aplicar, pero que hicieron que el nombre del susodicho lugar fuera conocido en todo el mundo. Ahí estuvo viviendo hasta los cinco años y ahí también aprendió la lengua indígena, pese a que sus padres siempre se dirigían a él en español y preferían que no hablase el idioma de sus antepasados. Tantos siglos de humillaciones y desprecios, habían conseguido que los propios indígenas se avergonzasen de su pasado y buscasen adaptarse al mundo criollo, como forma de superación. Siguiendo esa misma lógica, posteriormente sus padres se habían instalado en la ciudad de los recoletos, a 3000 metros de altura.

Yo conocí a Andrés durante el servicio militar. La casualidad quiso que acabáramos en la misma compañía haciendo la formación el uno al lado del otro. Lo primero que me llamó la atención de él, fue su ingeniosa invención con la que se escapaba un fin de semana sí y otro también de la instrucción militar. El truco era sencillo, pero había que tener huevos para realizarlo. Si uno de los reclutas faltaba cinco veces sin justificación alguna, éste era expulsado automáticamente del cuerpo. Si no se tenía el servicio militar cumplido, no se podía uno sacar el pasaporte y viajar al extranjero. No sólo eso, en muchos trabajos era requisito obligatorio el tener dicha cartilla militar. Al cabo de dos meses de madrugar los sábados, comer la mierda de rancho que se nos ofrecía y aguantar a los prepotentes sargentos que se sentían generales de 4 estrellas, presenciamos cómo uno de nuestros compañeros era expulsado de filas por haber excedido el número de faltas. Nadie lo escoltó a la salida y menos aún lo retuvieron en la puerta. Ahí fue donde se le encendió el foco a Andrés. Todos los sábados se presentaba a las 7 y media en el cuartel y, después de que el sargento Gattica leyera la lista de la compañía, el emprendía sus pasos hacia la salida y cuando se le preguntaba su número en la fila y adónde iba, el daba el número del compañero expulsado y decía que se acababa de enterar que ya no podía seguir la instrucción. Cómo los guardias cambiaban cada  semana, casi siempre conseguía salir del cuartel. En cambio, nosotros, el resto de los mortales, nos pasábamos toda la mañana haciendo prácticas de marcha. Aprendíamos algo del plan DN-III para la defensa nacional en caso de desastres y, en general, nos aburríamos soberanamente. Por supuesto, había mucho envidioso que le tenía tirria por lo bien que Andrés se lo estaba pasando, pero nadie fue tan rastrero como para denunciarlo.

Saturday, January 28, 2017

Desandando los pasos del che (2a parte)

A partir de ahí empezó una estancia en la que los días se dividían en dos. Por la mañana, los jóvenes salían a conocer Chiapas, ya fueran las poblaciones indígenas de Tzinacantán o San Juan Chamula o parajes naturales. La visita  a las comunidades indígenas resultó todo un acontecimiento para los dos muchachos. No se podían tomar fotos, pues consideraban que les robaba el alma dicho acto. En esas poblaciones, el PRI siempre ganaba. Con el 100% de los votos. Aquel que no votase por el partido ya podía ir haciendo el petate y largarse. Por otra parte, al margen de los políticos electos “democráticamente”, existía un consejo de ancianos que se ocupaba de diversos aspectos de la  vida de la ciudad como los preparativos de las fiestas o, en algunos casos, la impartición de justicia. Lo mejor, sin embargo, estaba por venir. Dentro de la iglesia se podían ver las tradicionales imágenes de santos, pero también curanderos haciendo una limpia con una gallina a la que degollaban al final de la ceremonia: por supuesto, también estaba presente la botella de posch; bebida de indefinible pero muy elevada graduación alcohólica a la que de cuando en cando echaban un trago para luego escupirlo. El suelo estaba lleno de paja y había un fuerte olor a incienso. Cerillo consideraba la religión como una gran mentira para mantener al hombre asustado y, por ende manso. Alababa el hecho de que la revolución hubiese prohibido hablar de política a los curas ya que, según él, el estado no podía coexistir con la iglesia si esta tenía voz y voto. Por todo ello le gustó saber que en aquellas poblaciones no podían entrar los curas.
-Durante la guerra de castas –explicó Eustaquio, el tío segundo-, los curas apoyaron a los criollos. Por eso los indígenas les prohíben la entrada al pueblo y practican un sincretismo religioso, mezcla de la religión católica, mezcla de las creencias precolombinas.
Enrique, por su parte, también se las daba de ateo en aquel entonces, pero más que nada para escandalizar a sus compañeras de clase e ir a tono con la época. Años después, tras caerse de un risco a gran altura y salir completamente indemne del mar, sintió la voluntad divina y volvió a la fe. Sin embargo, en ninguno de los dos casos, tanto en su fase de ateo como en la de creyente mantuvo posición histérica alguna. Ni era un jacobino come curas ni fue nunca un convertidor de almas. Respetaba las creencias de cada uno.
En la segunda parte del día o más bien dicho en la noche, los jóvenes salían en busca de una fiesta. La primera vez se colaron directamente. Sabían por su primo segundo que en aquellos lugares donde oliera a pino, había una tarima para el baile recubierta de hojas de dicho árbol.  No obstante su primera incursión casi acaba mal cuando uno de los asistentes, ya borracho, se acercó a ellos y dijo en tono amenazador.
-¿Qué pasó capitalino? ¿Vienes a ver cómo nos divertimos?
-Sí. ¿Pasa algo? dijo Cerillo al que le encantaban las broncas.
-Además ¿quién los invitó?
Ante esa pregunta ambos muchachos se quedaron callados. La música de la tambora había desaparecido de pronto y se empezaba a formar un coro rodeándolos.
-Fui yo- dijo de pronto una hermosa muchacha que no conocían de nada. Son los primos de Esteban que están de visita.
- Y yo también –confesó la amiga de esta al tiempo que rodeaba el cuerpo de Cerillo.
La tambora volvió a tocar y, pese a que las explicaciones de las muchachas no eran muy creíbles.

Friday, January 27, 2017

Desandando los pasos del Che (1a parte)

Cerillo y Enrique habían decidido recorrer toda latinoamérica, emulando a su héroe el che Guevara, pero en sentido inverso. En realidad, la idea no había sido de ellos sino de su amigo Neto, quien también estaba estudiando la carrera de derecho en la UNAM. A la hora de la verdad, él se rajó. Peor para él pensaban los dos amigos. Ya lo lamentará cuando regresemos a México llenos de experiencias qué contar. Su objetivo era recorrer por cualquier medio los países del continente hasta llegar a la Patagonia y volver a tiempo para el inicio del curso escolar un año después. Por supuesto, tendrían que trabajar en lo que se presentase y ya verían donde dormirían.
La primera parte del recorrido ya estaba cubierta. Se irían en un tren de mercancías a San Cristóbal de Las Casas donde se quedarían en casa de unos tíos lejanos de Enrique descansando. De ahí partirían a Guatemala; el lugar donde propiamente empezaría la aventura. Las cuarenta horas del viaje; la mayor parte de pie o arrumbados en unos tablones incómodos, fueron el primer contratiempo en su nueva vida. Sin embargo, qué importaban unas cuantas incomodidades cuándo les esperaba las mujeres más bellas del continente, los lugares más recónditos y hermosos de la geografía latinoamericana y las aventuras más emocionantes.
Tan pronto llegaron, se dirigieron a la calle Simojovel donde residían sus tíos que regentaban un hotel. Enrique conocía la dirección de una antigua carta de felicitación que los tíos segundos habían mandado a su padre con motivo del nacimiento de su hermano Ernesto. Temía que se hubiesen mudado, pero estaba convencido de que no tendría problema alguno en encontrarlo si seguían en esta ciudad. Era en aquel entonces San Cristobal de las Casas, una pequeña población  de no más de 32 mil habitantes bastante aislada. La carretera que la comunicaba con la capital del estado era más que peligrosa; sobre todo a la bajada en que se podía ver el precipicio durante todo el camino. Además, aquellos que no estaban acostumbrados a este camino invariablemente terminaban mareándose. Las casas de dos techos y tejas rojas eran únicas en toda la república y todas las mañanas amanecía envuelta en una densa niebla. El clima a tres mil metros de altura, era de lo más variable. Tan pronto hacía sol se podía salir en camiseta, pero si una sola nube tapaba el astro, entonces era necesario ponerse un suéter. Eso sin contar con las constantes lluvias.
Lejos de levantar suspicacias, la llegada de los muchachos fue motivo de alborozo entre aquellos lejanos familiares. Querían conocer algunas de las maravillas naturales del Estado y por eso habían hecho tan largo viaje.
 -Me parece una decisión muy acertada. Ya va siendo hora de que este Estado deje de estar en el  último rincón de la patria. Con solo decirles que aquí no llegó la revolución. Ya veo que les parece que hablo en chino por la cara que han puesto. Lo que pasó es que un grupo de oligarcas se hicieron pasar por revolucionarios para hacer como que hacían, pero al final siguen habiendo grandes latifundios y los indígenas viven en condiciones miserables. Esa es la cruda realidad, muchachos.
-Tío, verá. El caso es que nos quisiéramos quedar un buen rato en el Estado y visitar todos los rincones, pero lo cierto es que no tenemos mucho dinero por lo que hemos pensado combinar nuestra visita con el trabajo para poder prolongarla. ¿No nos podría ayudar a conseguir algo?
-No sé que le enseñan en la Universidad, pero desde luego sí sé que pensaría mi primo si nos les ayudo en este trance. De trabajar nada. Yo les dejo para su visita y ya luego me ayudan un poco a hacer arreglos aquí en el hotel. ¿Juega?  
-Juega dijeron entusiasmados y al unísono los dos muchachos.

Wednesday, January 25, 2017

ENCUENTRO EN EL METRO


 Una estación de metro en Madrid. Un banco y un reloj al fondo en la pared más lejana al público. El fin del escenario marca el fin de la estación. Cada vez que supuestamente aparezca un tren se oirán los ruidos que éste produce al llegar a la estación y Nicasio verá a un lado y otro del escenario moviendo repetida y rápidamente la cabeza en busca de alguien. Nicasio lleva su atuendo de trabajo, camisa, pantalón y traje. Desde el principio se verá un reloj indicando las 12 y media de la noche. Pasarán un par de vagones antes de que él empiece a hablar y a lo largo de la escena se irán oyendo cada  

Nicasio.- (aparte) Ya estuvo que este huevón del Gerardo me volvió a dejar plantado. Si la verdad es que no es culpa suya. ¿Quién me manda hacerle caso? Siempre me hace lo mismo y yo de gilipollas voy y le hago caso. En fin será mejor que me vaya.
Se ve entrar por la derecha a Libertad apurada. Va vestida con ropa muy colorista, lleva los pelos en punta y carga un morral tipo marinero  al hombro. Mira a todos lados y finalmente se acerca Nicasio.

Libertad.- Perdona tío, ¿no has visto a un muchacho más o menos de tu altura, con cara de fumado, zapatillas Mike y el tatuaje del dragón de los caballeros del zodiaco en el brazo derecho?   
Nicasio.- No. Llevo media hora en la estación, esperando a un amigo y no he visto a nadie con esas pintas. Íbamos a ir a tomarnos unas chelas y divertirnos.
Libertad.- ¡Qué triste!
Nicasio.- ¿Qué?
Libertad.- Que tengas que beber para divertirte.
Nicasio.- (molesto) No todos tenemos la fortuna de vivir en paz con nosotros mismos como tú.
 Libertad.- (haciendo caso omiso del comentario) En todo caso no será muy amigo tuyo cuando te deja esperando de esta manera.
Nicasio.- (más molesto) ¿A ti qué te importa? Además, ¿dónde está tu amigo?
Libertad.- Perdóoon. No quería ofenderte. Qué susceptibilidad Dios mío.
Nicasio.-   Disculpa, no quise ser borde. Lo que pasa es que he tenido un mal día en la oficina. (a partir de aquí el ritmo de la voz irá creciendo hasta que, al final apenas se le entenderá) Perdimos la posibilidad de presentarnos a un jugoso contrato porque el hermano del jefe, que tiene coche de empresa, se le olvidó pasarme una multa. Como teníamos un adeudo con el ayuntamiento nos rechazaron nuestro proyecto. Y claro, ¿cómo yo soy el que me ocupo del papeleo y al otro estúpido no se le puede decir nada por ser quien es, pues entonces yo me llevé la bronca. (Con tono repipi) “Debías haber preguntado” me dijo el jefe, como si el comercial no fuera lo suficientemente grandecito como para venir a mi oficina y decirme “mira, me han pasado esta multa, págamelo por favor”. Y claro ahora ya está que me van a poner un expediente y seguro que me echan a la calle y…
Libertad.- (poniéndole la mano en el hombro. Él se echa hacia atrás instintivamente.) Tranquilo, tío. Estás muy estresado.

Monday, January 23, 2017

SAN AGUSTÍN EN LA SELVA

Ahí estaban, Chicharito, Quique, Cerillo, Jorge Pascal y Rafael Carreras  en medio de la selva, trabajando en la construcción de la presa de Malpaso. Salvo Carreras que era un arquitecto recién graduado y que trabajaba en la empresa de su futuro suegro, el resto; dos abogados, un cineasta en ciernes y un amante de la buena vida así como de las tallas en madera, no tenían nada que hacer ahí. De hecho sus trabajos no estaban claramente definidos y un día podían encargarse de la supervisión del material necesario como otro transportar nitroglicerina por unas carreteras fangosas, cuales personajes de El salario del miedo. La cosa se había planteado desde el primer momento como una travesura más, como cuando se iban de putas o se citaban con los del barrio de enfrente para agarrarse a trompadas. La más famosa de sus “travesuras”, por parte de Chicharito y Enrique, había sido participar en la destrucción de unos arcos gloriosos que cada gobernador de México había erigido en el centro de la ciudad para saludar el paso del presidente Miguel Alemán en su camino al congreso el día del informe de gobierno. Los arcos habían sido una solución ambigua que por una parte resaltaba el apoyo de los gobernadores al presidente sin comprometerse en sus deseos de reelegirse.  Aquella tarde y antes de que apareciera la policía, destruyeron entre estudiantes y oficinistas recién salidos del trabajo, tantos arcos que el recorrido del presidente tuvo que ser modificado. Solo diversión. Así veían esta aventura al corazón de la selva chiapaneca, como cuando acababan peleándose entre ellos, pero últimamente habían disminuido su ánimo boxístico. De hecho, fue Neto el primero en rajarse, no por falta de valor sino porque quedaba muy mal el llegar a su trabajo y ante el padre de su novia con la cara llena de moretones. Cerillo y su hermano lo criticaron abiertamente y buscaron picarle la cresta poniendo en duda su hombría, pero Chicharito y Enrique, que también empezaban a desarrollar su vida profesional, le dieron la razón al primero. Pero en el fondo había otro aliciente. Alejarse de sus respectivas familias. Ya habían cumplido con lo que se les había impuesto; estudiar una carrera que les permitiese ganarse la vida en lugar de cursar los estudios de sus respectivas vocaciones. Enrique y Chicharito estaban más interesados en la filosofía y la literatura, mientras que Cerillo había cursado todos sus estudios en una academia militar por imposición de su padre, un general de la revolución. En dicha escuela y dado su poco respeto por la autoridad, Cerillo se la vivía encarcelado un fin de semana sí y otro también. El fallecimiento prematuro de su padre lo liberó de tener que ingresar al ejército. Para todos ellos, este viaje venía a ser una declaración de independencia con respecto a sus progenitores que les habían impuesto el camino a seguir sin derecho a réplica.
Su único entretenimiento eran sus libros y el jugar alguna que otra partida de dominó. Cuando alguno de ellos tenía que ir a la población más cercana por avituallamientos el resto le hacían un listado de peticiones entre las que destacaba por encima de todo el tabaco. Jorge era el único que no se ajustaba a las necesidades generales y pedía cosas tan estrambóticas como lienzos y pinturas, pero eso sólo se conseguía en la capital del Estado y los viajes a aquella entidad eran menos frecuentes. Chicharito en alguna ocasión le cumplió el capricho para ver cómo tras darle los materiales, Jorge vaciaba los botes de pintura en el lienzo y luego empezaba a darle vueltas para impregnar toda la tela de la pintura.
-Han costado mucho dinero esas pinturas.
-Calla. Tú no entiendes la profundidad que adquiere el cuadro con esta técnica.
-Lo que sí entiendo es la profundidad del agujero que me ha provocado tu capricho en mi bolsillo.
-Ya te pagaré. Y ahora déjame que estoy creando  arte.
Por supuesto que el interpelado sabía que nunca volvería a ver su dinero dada la bien ganada fama de tacaño que tenía el futuro director de Cananea, pero estaban tan bien pagados que no valía la pena hacerse mala sangre.
Curiosamente, en su trato con los operarios fueron más influyentes ellos sobre la masa de trabajadores y quizá la construcción de esa presa haya sido la única del mundo en la que los trabajadores discutían, de vez en cuando, acerca de su libre albedrio aunque aplicado este a cuestiones muy terrenales. Contrariamente a lo que hubieran podido pensar originalmente, no había mucho entretenimiento en la selva por lo que sus libros eran su recurso de evasión. Sí el paisaje era imponente, pero como no se podían alejar mucho del campamento por temor a encontrarse con una serpiente, cocodrilo u ocelote, su espacio de acción era más bien reducido.  Las carcajadas que despertaban dichos libros, así como los debates acalorados entre Chicharito y Enrique sobre metafísica, despertaron el interés de los trabajadores sobre ese objeto en forma de ladrillo. Algunos se animaron humildemente a pedir prestados ejemplares y poco a poco fueron transmitiendo la fiebre lectora al resto, de tal forma que al final de la construcción la petición de libros a los avitualladores competía con la de los tabacos. Para Enrique y Chicharito, que ya antes de empezar el trabajo se veían como misioneros del siglo XVI aportando la civilización a esas tierras inhóspitas, esta demanda de conocimiento era todo un éxito.
Sin embargo, no todo fue diversión en la construcción de la presa. De hecho, cada semana había un muerto por la falta de seguridad en las obras.  Por supuesto aquellas medidas de seguridad le parecían absurdas al grupo de jóvenes universitarios que si bien no hacían las labores, más peligrosas, no estaban exentos de algún mal como les intentaba hacer ver el capataz cuando les exigía que se pusieran un casco. Ese mismo capataz acabaría muriendo al caerle encima una roca de grandes dimensiones tras una detonación. De nada le abría servido el casco.  Amén de los animales y las detonaciones había otro peligro mucho mayor; las bacterias. Se les había recomendado el uso de ciertas pastillas efervescentes que, al disolverse en el agua mataba todo bicho. Pero como también provocaba malestares estomacales, Chicharito decidió dejar de tomarla. Cuando se enfermó el médico del campamento acertó inmediatamente en el diagnóstico y el tratamiento a seguir, pero como éste era recién egresado y su pelo alborotado daba mala impresión para la época, Rafael decidió asegurarse y mandar a Chicharito a un médico de gran renombre en la capital del Estado. Ese fue el mayor error que cometió en su vida. El nuevo galeno despreció el criterio de su colega, creyendo que se trataba de otra enfermedad. Cuando se dieron cuenta del error Chicharito ya no tenía salvación posible. Su muerte acabó la expedición del grupo en la selva. Cerillo, que admiraba la gran sapiencia de sus dos amigos –Enrique y Chicharito- pese a costarle comprehensión de lo que hablaban, nunca perdonó a Rafael y siempre consideró que le había quitado un amigo. Enrique, por su parte, vio en esta tragedia la necesidad de madurar y decidió largarse a Francia a estudiar un doctorado para luego volver a México y dar clases en la Universidad. Jorge, por su parte, consiguió su primer trabajo de asistente de dirección por lo que regresó a la capital. Solo Rafael permaneció en Malpaso hasta el final de la construcción. Años más tarde volverían a reunirse el grupo, pero ya nada sería igual.

Thursday, January 19, 2017

LA MUERTE SÓLO COGE TRES VECES


Sergio volvía a casa como todos los viernes; cansado por trabajar en las mañanas y, en esta ocasión, abatido tras haber suspendido el examen de lógica en la Universidad. Encima, su novia lo había dejado plantado en la estación de metro en la que habían quedado. Sin embargo, no lo tomó a mal, pues sabía que las obligaciones de ella la retenían varias horas más de lo que quisiera. Pese a las adversidades, Sergio estaba contento porque ese día era Viernes y ante él se habría todo un fin de semana para el desenfreno etílico o sexual que le permitiría evadirse de su monótona rutina de vida.
Acababa de pasar los puestos ambulantes de comida donde algunas veces cenaba, atraído por el inigualable olor de los tacos callejeros. A pocos pasos se encontraba el edificio donde vivía. Por fuera daba la impresión de ser de clase media venido a menos, pero donde se podía vivir con comodidad. Al entrar, llamaban la atención sus pasamanos de hierro completamente llenos de rayajos, las escaleras sucias y, por último, las paredes llenas de desconchones como si se hubiese producido una balacera que hubiese comprendido todas las plantas. Por si fuera poco, la habitación de Sergio radicaba en el último piso. Se trataba de una minúscula habitación de azotea de quince metros cuadrados en el que tenía, por toda posesión, una cama, una mesita de noche, una estantería de libros y unas cuantas cajas en las que ponía algo de fruta y comida que debía comer con gran celeridad para que no se echase a perder. En realidad, Sergio odiaba esa morada, los escasos ingresos de la beca que le otorgara su Estado natal, los imprevisibles envíos de dinero de sus padres y lo que recibía por sus clases particulares no le permitían pagar nada más. Pero estaba convencido de que sólo estaría unos meses ahí. A través de sus nuevas amistades conseguiría un empleo en la representación de su Estado en la capital con lo que aumentaría sustancialmente sus ingresos.

Tuesday, January 17, 2017

LA BARBA DE LA VIDA


En el trabajo, a José Ignacio lo consideraban un inquisidor. Lo odiaban. Y en verdad que la descripción no se alejaba mucho de la realidad ya que controlaba todo gasto que hiciera empleado alguno con dinero de la empresa como si fuera propio el monto aportado. Los vendedores de la empresa de productos médicos, debían desplazarse varios días por semana a distintos puntos de la geografía española y recibían en adelanto dinero para su gasolina comidas y, si se daba el caso, hospedaje, pero a cambio debían aportar las facturas  correspondientes. Si el vendedor no justificaba el gasto, éste era directamente descontado del salario del empleado a fin de mes. En ese sentido, contaba con el pleno apoyo de su jefe que, no obstante a veces se permitía algunos gestos populistas y lo desacreditaba frente  a la plantilla. Luego, en Privado, Don Elías lo felicitaba por su trabajo y por el celo con el que lo ejercía. No le importaba ser el poli malo ni comer solo  y mucho menos aun los chistes que se hacían a su costa  El tenía un cometido al cual era fiel como si de una orden divina se tratase. Todo empleado que recibía dietas para un viaje comercial, por ejemplo, sabía que tenía que justificar hasta el último céntimo de lo gastado y devolver el sobrante o, si las cuentas no cuadraban, el importe faltante le sería retirado de su nómina.   No obstante esa parte de su labor consistía en un simple divertimento que se permitía hacía el final de la jornada. El resto del día se lo pasaba haciendo la contabilidad de la empresa y buscando cualquier subterfugio legal que le permitiese descontar impuestos. Consideraba que los impuestos eran una imposición del Estado que ordeñaba a los hombres trabajadores para ayudar a unos vagos fracasados.

Sunday, January 15, 2017

EL VIAJE ETERNO

El viaje desde Zitácuaro al santuario se estaba haciendo eterno para los estudiantes del liceo. Por más que se los explicaran, no entendían la importancia de que unas mariposas recorriesen miles de kilómetros para reproducirse y, en el caso de los machos, de poco les servía tanto viaje ya que a las pocas horas de copular caían fulminantemente muertos.
-Para eso ya se podían haber ahorrado el viaje –decía entre risas Luis, pese a que acto ipso facto su maestra le había censurado el comentario.
Habían pasado unos días en una hermosa hacienda donde, amén de estudiar unas horas al días, los 15 chicos y las 3 chicas del curso se la pasaban jugando en la alberca y mil otras cosas. Su curiosidad por la anatomía del sexo del otro se despertaba. De hecho Rodrigo fue la víctima iniciática de la curiosidad de sus compañeras. Después de ducharse, él se dirigió a la cómoda para coger su ropa. No obstante, dado que las habitaciones comunicaban interiormente y que precisamente la suya lindaba con la de Claudia, Cristina y Gabi, tuvo la delicadeza de pedir que cerraran la puerta para que el pudiese coger su ropa. Ellas, lejos de obedecerle cruzaron el umbral de la habitación. Rodrigo, que las oyó venir tan sólo acertó a taparse con la almohada mientras retrocedía hacía la cama. Ellas, resueltas, lo rodearon y despojaron de su único taparrabos para luego salir corriendo entre risas. Con 10 años a Rodrigo esa travesura de sus compañeras le produjo en esa ocasión una gran vergüenza y sonrojo. Más adelante desearía infructuosamente que se repitiese la misma situación.
El viaje se hacía eterno. Pronto había dejado el camión la carretera para meterse en una senda polvorienta. A Armando, una avispa le había picado y por una vez en su vida una lágrima se le había escapado de entre los ojos. Por supuesto, como no podía ser de otra manera, en un momento dado el camión había ido a dar a una zanja. La maestra, que no se arredraba por esas pequeñeces había buscado un medio de transporte alternativo, mientras que el chofer iba a buscar ayuda para sacar el camión. Sin embargo, el campesino al que se le solicitó la ayuda quiso aprovecharse de la situación y cobrar 1000 pesos de aquel entonces. Toda una fortuna. Al final, la maestra decidió que la distancia no era demasiado larga y que irían a pie. Ya los recogería el conductor en el santuario al volver. Esa resolución provocó largas caras de desanimo entre los estudiantes. No solo llevaban horas en ese pinche viaje sino que ahora, además, tenían que caminar.      
Al cabo de un rato Michael abogó por un descanso para tomar el lunch. La maestra no quería concederlo porque ya estaban cerca  y además en un par de horas caería el sol, pero no tuvo más remedio que ceder al clamor popular a condición de que el descanso solo durase 10 minutos. La torta y el refresco apenas calmaron el hambre de los pupilos y por supuesto que el descanso les pareció completamente insatisfactorio, pero sabían que no iban a conseguir más de parte de la madame.
Fue Raúl quien divisó primero las mariposas. Iba adelante apretando el paso con afán de acabar lo más pronto posible, cuando de repente al salir de una curva se detuvo en seco y sin decir palabra alguna estiró su brazo apuntando hacia adelante. Ahí estaba el primero de varios árboles completamente tapizado de mariposas. Empezaba a atardecer pero la luz aun atravesaba con firmeza las ramas para engalanar los colores negro y naranja con motas blancas. Parecía una coreografía de millones en la que todas las alas se agitaban al mismo tiempo. Cuando la maestra les había dicho que esos seres diminutos viajaban miles de kilómetros y que incluso algunos de ellos se habían desviado y llegado a latitudes tan lejanas como las islas canarias los alumnos, para los cuales el tamaño era muy importante, no se lo podían creer. Pero en ese momento, ante el milagro de la reproducción colectiva, ante la belleza de la unidad multitudinaria a partir de la aportación individual de cada unos de esos seres alados, los jóvenes ya se habían olvidado de los kilómetros recorridos por las mariposas y por ellos mismos para llegar al santuario. Lo único que contaba en ese momento era la contemplación. Años más tarde; Rodrigo pensó que, de haber escrito “la escritura de Dios” no habría empleado a un jaguar como depositario de la palabra divina sino las motas blancas de las monarcas.
No obstante, la perfección es efímera y no sin pesar tuvieron que dejar atrás los alumnos el santuario mientras las sombras crecían. Incluso el autobús escolar se encontraba a la salida del bosque esperándolos. Lo que había empezado como un día fastidioso había terminado en éxtasis. Ninguno de ellos, al cerrar los ojos esa noche, dejaría de ver los árboles llenos de lepidópteros. Fue Armando, dejado atrás todo dolor por el aguijonazo, quien resumió la valía de ese día cuando se dirigió a la maestra y le dijo:

-Ha sido la mejor aventura de mi vida. 

Friday, January 13, 2017

Robespierre


Le pusieron de nombre Robespierre porque chingaba a todo el mundo. Al menos esa era la explicación que daba mi padre cuando se le preguntaba al respecto, ya que era él el que había bautizado al felino. No paraba de correr y saltar, como si fuese un potro desbocado y a veces, sin aviso previo, trepaba por entre el cuerpo de la persona que se encontrase más cercana hasta llegar al hombro e instalarse sólidamente ahí. En esas ocasiones no había nada que hacer salvo esperar a que el gato se hartase de posición tan incómoda y bajase por su propio pie. No obstante el descenso le resultaba más complicado que la subida por lo que había que facilitarle la cosa. Lo mejor era sentarse en la cama y reclinar lentamente el cuerpo hacia atrás hasta que el minino viese cerca la cama y se animara a saltar. Había sido recogido de la calle por mi hermano Enrique cuando no era mayor que una pelota de tenis. Tenía un pelaje gris brillante y ojos amarillos. Durante los primeros días todos los miembros de la familia teníamos que tener mucho cuidado de donde nos sentábamos, especialmente si era en una cama, ya que no era fácil distinguir a Robespierre de un simple bulto. Cuando ya tenía un año, las precauciones permanecían. Sin embargo, ahora teníamos miedo de sentarnos cerca de Robespierre porque este no dudaba en atacarnos con sus uñas. Sin embargo, el felino también proporcionaba grandes momentos de diversión cuando los miembros de la familia, especialmente mi padre conversaba con él y lo amenazaba con la aparición del zorro que jala la cola.
-Van a venir el coyote y el zorro para jalarte de la cola y de los bigotes decía en tono amenazante a Robespierre.
Este, haciendo honor a su nombre y  lejos de arredrarse, replicaba en su idioma a dichas amenazas y así ambos se podían pasar horas enteras. Incluso algunas veces la realidad parecía querer ajustarse a la conversación como cuando, en un partido de la selección un jugador de apellido coyote fue derribado en el área. El padre intervino inmediatamente:
-Le jalaron la cola al coyote y el árbitro marco ¡penalti!

Sin embargo, la principal afición de Robespierre, además de tumbarse al sol, consistía en saltar de una ventana a otra en una parte de la casa donde ambas ventanas, que pertenecían respectivamente a la cocina y a la zotehuela,  formaban un ángulo recto. No le importaba que hubiese 4 pisos de caída entre ambas ventanas. Sin embargo un día, tras saltar, se encontró con que la ventana de la cocina estaba cerrada y tras chocar contra el cristal cayó al vacío para aterrizar en el capó de un coche. Gastó 6 de las 7 vidas, pero milagrosamente sobrevivió. Mi madre, preocupada por la salud del minino decidió llevarlo al veterinario. Como diría el chapulín colorado, ella no contó con la astucia del facultativo que le recetó a Robespierre un desinflamante sin considerar que pudiera ser alérgico a la medicina. A las 2 horas murió. Nunca había tenido un gato tan loco y nunca lo he olvidado.    

Thursday, January 12, 2017

El odio de los dioses

III. El político.
Nació en una cuna de oro y nunca le faltó nada. Su padre fue un hombre tenebroso capaz de mandar hacerle una experimental lobotomía a su propia hija con nefastas consecuencias y de carácter derrotista. De él tanto su hermano como el político heredarían su gusto por las mujeres.  Empezó su carrera como cazador de brujas. Su jefe era un hombre siniestro y fanático que no dudaba en perseguir a las personas con su misma orientación sexual, pues se creía que estos podían perjudicar a su nación al ser potenciales víctimas de chantajistas. No obstante, cosas de la vida, este persecutor implacable acabó cambiando  para terminar convirtiéndose en campeón de la defensa de los derechos civiles.
El día en que murió el famoso pastor afroamericano, él no dudó en ir a la caza de votos incluso arriesgando su propia vida. Su discurso en el que citaba a Esquilo y hablaba de qué país querían crear; si uno de ghettos u otro de convivencia, impidió que esa noche hubiese disturbios en ese estado a diferencia de otros de la unión americana. Apoyó a su hermano tanto en la campaña presidencial como en el gobierno y, durante la crisis que casi desencadena el apocalipsis, fue un elemento clave para impedir el horror nuclear. Fue implacable en su persecución del líder sindical corrupto y no tuvo tantos reparos cuando le presentaron un proyecto para asesinar al barbudo isleño. Quería detener la guerra que él y su hermano habían iniciado, acabar la pobreza. Era amigo personal del líder de los parceros, pero él y toda su familia estaban malditos hasta varias generaciones después. Su hermano mayor murió en la guerra, su hermana en un accidente de aviación y su hermano, el que llegara a presidente, cayó abatido. Hasta la fecha se sigue discutiendo si la muerte de éste fue obra de un solo hombre o un complot que involucraría  a las más altas esferas del gobierno. Sólo su hermano menor sobrevivió pese a que la muerte, lo persiguió muy de cerca en un par de ocasiones. 5 años después de ese magnicidio y dos meses tras el asesinato del luchador afroamericano, el político celebraba en un lujoso hotel su victoria en las elecciones primarias del partido del burro. En su discurso de la victoria, mostraba su convicción de que sería el próximo presidente de Los Estados Unidos para demostrar que su país aun tenía mucha compasión y amor que mostrar. Lo abarrotado de la sala le impidieron salir por la puerta principal. Sus guardaespaldas lo condujeron por la cocina del restaurante del hotel. Ahí se encontraba su destino. Fue abatido por un asesino con una pistola de calibre 22.  Su foto tumbado con los brazos en cruz y una mirada perdida al cielo resaltando su fragilidad, mientras que un empleado del hotel le daba un crucifijo, ha dado la vuelta al mundo. El hubiera no existe en la historia, pero es imposible evitar pensar que el mundo entero habría tenido un futuro más promisorio de haber llegado éste al poder en lugar del político tramposo y fármaco dependiente.