Wednesday, May 06, 2020

EL CIRCO DEL CONGRESO


He empezado a ver un documental llamado El juicio acerca de las temibles purgas estalinistas. Nada más empezar el fiscal lee la acusación a un grupo de científicos, acusados de sabotaje. Se les pregunta a estos y todos confiesan su culpabilidad. Por si fuera poco, los reos deben elegir entre tener un abogado que los defienda o hacer una declaración final dando su versión de los hechos. Mientras tanto, en la calle, las masas bien adoctrinadas rugen en contra de los acusados exigiendo su ejecución. Todos los presentes en el juicio actúan conforme a lo que se espera de ellos. Ni más ni menos. En ese sentido, lo mismo ocurre aquí en el Congreso de los Diputados, pese a que vivimos en una democracia con nuestras libertades individuales garantizadas. Nuestros representantes son incapaces de no hacer el papelito que se espera de ellos. Y si ya resultaba penoso el espectáculo en tiempos anteriores  al coronavirus, en estos momentos en que ya ni siquiera tienen las formaciones a sus correligionarios en el recinto para aplaudirles e increpar a sus adversarios, el enfrentamiento resulta patético. Son la copia de la copia de la copia del mismo numerito que vemos desde hace décadas y cada vez con peores actores. Ni siquiera en un momento tan grave para el país son capaces de dejar de ser políticos y hacerse sus putaditas en busca de la foto del momento.
No han sido ni siquiera capaces de renunciar a sus opulentos salarios  cuando millones de españoles se encuentran en la mayor de las incertidumbres con respecto a su futuro inmediato. Eso sí, luego se extrañan de que en las encuestas la clase política aparezca como uno de los mayores problemas del país y que los ciudadanos los vean como unos inútiles privilegiados que no se merecen el sueldo que ganan.
 Vine a este país en el 96. En aquel entonces, estaba acostumbrado a la dictadura perfecta del PRI-Gobierno y todos sus vicios antidemocráticos y sus corruptelas. Además, el país que dejaba atrás se encontraba inmerso en una de sus peores crisis –cortesía del pelón Salinas de Gortari-, donde la gente, desesperada por haberlo perdido todo, se tiraba en el metro. Los bancos fueron rescatados por el  gobierno a través del FOBAPROA (Fondo Bancario de Protección al Ahorro). A día de hoy, más de la mitad de ese rescate millonario no ha sido devuelto y la deuda le fue endosada a los ciudadanos.  
Llegué a este país democrático y perteneciente a la Unión Europea, pensando que nunca volvería a vivir situaciones similares a las de México. Sin embargo, no solo he tenido que presenciar dos crisis (la primera conllevó también suicidios), sino que he visto como la corrupción se hacía cada vez más grande entre todos los políticos independientemente de su partido. He presenciado el rescate de bancos que nunca han devuelto el total del dinero al tiempo que se nos endosaba la deuda y, al igual que el resto del planeta, he visto la decadencia de la clase política mundial con el surgimiento de los populismos que, al igual que la corrupción, no conoce de ideologías. El problema además, es que los partidos tradicionales se han dejado seducir por estos políticos para convertirse en imitadores cutres. Y claro a la hora de elegir es más fácil que gane el maestro al alumno. Michel Houellebecq decía que el mundo sería igual después del coronavirus. Desde mi experiencia vital, me atrevo a vaticinar que no sólo va a ser mucho peor, sino que nuestras libertades individuales se verán recortadas, así como nuestro nivel de vida. Ojalá me equivoque.   
P.D. Ya recuperé la verticalidad. Eso sí me sigue doliendo en mis desplazamientos, pero poco a poco voy mejorando. 

Tuesday, May 05, 2020

EXPLICACIÓN A MIS AMABLES LECTORES


Estimados lectores. Muchos de ustedes me han preguntado porque no salió la crónica de ayer en la mañana. Les agradezco su interés, pese a que algunos fueron muy exaltados en la reclamación. La verdad es que tenía preparado un hueco para escribirla, pero, como decía mi abuelita, “el ser humano  propone, Dios dispone y el diablo viene y todo lo descompone”. En esta ocasión, el percance me resultó bastante doloroso. Llevaba más de la mitad de mis ejercicios físicos realizados cuando, al hacer una sentadilla, oí un crack y acto seguido sentí un intenso dolor muscular. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Arrastrándome cual ánima en pena, conseguí llegar a mi silla y sentarme mientras calibraba la intensidad del dolor y de los daños. No quiero ni contarles la tragedia en que se convierten actos tan cotidianos como vestirse en estas circunstancias.  Tampoco les voy a hacer el cuento largo. Estoy bien, pero sigo teniendo problemas para recuperar la vertical. Y está claro que, a diferencia de lo que sugirió mi compadre Juan Carlos que la zona afectada era el cerebro, se trata de una clásica lumbalgia que no me impide escribir. Aunque sí da bastante flojera. Los fármacos y el reposo han obrado milagros y por lo menos pude dormir mis 6 horitas habituales con una pausa de 2 a 3 para recargar medicina y leer un rato “El hombre rebelde” de Camus mientras me volvía a dormir.
Pasando a otras cosas, hoy, por primera vez desde hace más de 50 días, iré a una peluquería a cortarme el pelo. Eso si consigo cruzar la calle. De hecho debo decir que hubo dos cosas que hice bien antes de  que se decretara el estado de alarma. La primera fue ir a cortarme el pelo porque ya me tocaba y, la segunda también por necesidad y no porque tuviese dotes adivinatorias, fue comprar papel higiénico. Ambas decisiones circunstanciales –sobre todo la segunda-, me sirvieron para superar los primeros días del encierro. “¡Qué chingón soy!”, “qué capacidad de análisis y anticipación” me decía a mi mismo para alentarme. Ojalá hubiese tenido la misma clarividencia ayer en la mañana, antes de ponerme a hacer ejercicio.
En fin, les prometo recuperar la dinámica de texto escrito cada dos días si no se me cruza otro accidente casero. En cuanto al corte de pelo, aquí les dejo esta foto “muy actual” del estado alborotado  de mi melena, a juego con mi camiseta, para que juzguen por sus propios ojos. No sé de donde chingados salió el puro.  

Saturday, May 02, 2020

Estoy de vuelta


Después de 48 días, hoy he vuelto a correr en la calle. Como era de esperar la distancia no fue excesiva; unos 6-7 kilómetros en 35 minutos, y los tiempos están lejos de lo idóneo. Aparentemente éramos muchos más los que nos gusta correr en la calle de los que yo recordaba mes y medio atrás. O quizá, en tiempos normales, la gente elige distintas horas para salir. No sé. El caso es que me encontré a varios amantes del atletismo en mi recorrido. También había paseantes sin mascarilla, pero para que hacerse mala sangre con unos cuantos irresponsables. Además, el clima parece acompañar nuestro ejercicio. Día soleado y temperatura templada. ¿Qué más se puede pedir? 
Lo único que eché de menos en esta sesión matutina de las 8 de la mañana fue poder ejercítame en un parque. En parte porque la tierra o césped son mucho menos perjudiciales que el asfalto o la acera y en parte porque es mucho más seguro. Digo esto porque, dado que las aceras no son muy anchas, más de una ocasión tuve que bajar al asfalto y conservar de esta forma los 5 metros de separación recomendados para los que practican deporte. Afortunadamente, apenas circulan coches en estas fechas.
Lo que si no hice fue alejarme demasiado de casa. Consciente de mi falta de práctica en el último mes y medio, temí sufrir una lesión (soy especialista en engarrotamientos del gemelo) y tener que volver caminando lo cual siempre da mucha flojera. Sin embargo, salvo los últimos 500 metros cuando me empezó a molestar la rodilla, el resto del recorrido fue bastante agradable. Incluso –cuestión subjetiva- me sentí más ligero que hace mes y medio por más que los tiempos no reflejen tal progreso.
En fin, lo importante es que, como dice el título de este artículito, estoy de vuelta. Que se preparen los concursantes de la San Silvestre si la hay.
P.D. Creo que me emocioné un poco esta mañana, al describir mi estado. Conforme ha ido pasando el día las agujetas se han hecho presentes. Habrá que tomarse con calma los entrenamientos.

Historia de dos caídas




Llevamos un rato en el techo del lanchero de casa de mi abuela. Así llamamos a la edificación donde se guarda la lancha con la que esquiamos todos los días. Mi hermano y sus amigos se están divirtiendo tirándose desde ahí a la laguna. Yo con 10 años veo la distancia muy grande y, temeroso, prefiero verlos antes que saltar. Con los años, yo también disfrutaré saltando desde el techo a la laguna, pero aun queda para eso. Mi abuela está viendo el partido de futbol de los PUMAS y mis padres están de camino desde la ciudad de México. Estamos pasando nuestras vacaciones veraniegas en el lago de Tequesquitengo. En las noches ese mismo techo nos servirá de improvisado observatorio estelar. 
A la derecha del lanchero y pegado, se encuentra el lanchero de los vecinos y, en su parte superior una palapa que hace nuestra envidia por lo cómoda que es en tiempos de calor y por sus confortables sillas de mimbre revestidas de cuero. Huelga decir que nadie mojado puede sentarse en ellas. A mano izquierda, dos metros y medio más abajo, se encuentra un camino estrecho de cemento pegado a la pared del lanchero y, a continuación, el césped. De ahí nace un árbol que posteriormente será talado por viejo y enfermo. Una de sus ramas, ya seca, llega hasta el borde del techo.
Después de un rato de tanto brinquito, el ver a los mayores divirtiéndose me empieza a aburrir. Por más que me animan no me atrevo. Lo mismo ocurrirá la primera y única vez que salté la rampa haciendo esquí acuático. La primera vez todo fue bien crucé la estela y emprendí la subida. Volé una corta distancia y al caer no conseguí mantener la estática. Nada mal para un primer intento. La segunda ocasión fue totalmente distinta, llegué a la rampa, subí a la parte superior impulsado por el motor de la lancha a la que me unía la cuerda y antes de impulsarme hacia el vacío, los esquís se me salieron. No sé cómo lo hice, pero tuve los suficientes reflejos para tirar la cuerda y echarme un clavado a la laguna. De milagro, los esquíes no me cayeron en la cabeza. Me los vuelvo a poner y mi padre me anima a que vuelva a intentarlo, pero yo pienso que ya he tentado demasiado a la suerte y aunque vuelvo a esquiar me niego a emprender el tenebroso ascenso. Nunca más lo intentaré me digo. Al cabo de un rato mi padre, viendo que no voy a seguir decide llevarme a casa. Ha terminado el tormento.   
Cada vez me llama más la atención la pinche rama. No solo porque invade el espacio del lanchero sino por su fealdad. Cual poeta modernista, decido que tanta decadencia no es digna del paraje idílico en el que nos encontramos y decido arrancarla con mis propias manos. Oigo el crujir de la rama y prospero en mi afán. Desafortunadamente, no he calculado el peso de la misma y esta me arrastra hacia el camino de cemento. En ese breve microsegundo pienso que hasta ahí llego mi vida y diviso a lo lejos a mi madre que acaba de llegar del D.F.
Al cabo de un tiempo, despierto en el césped del jardín. Todo el mundo me rodea. Mis padres, mi abuela , mis hermanos y sus amigos. Me duele el brazo derecho. Posteriormente sabré que me lo he roto el por lo que pasaré todo el verano con la escayola. Sin embargo, en ese primer momento, nada de eso me importa. Lo que verdaderamente me intriga es saber porque no tengo el cuerpo lleno de raspaduras al chocar contra el cemento. Sentada en el césped se encuentra Susana, vecina de la laguna. Ella me da la respuesta a mi duda.
-Primero me cayó la rama y luego me caíste tú. Con tan buena suerte que rebotaste contra el jardín. ¡Cómo me duele la cabeza!
Como ocurre en estos incidentes, no ha faltado quien dudara de la veracidad de esta historia; más concretamente mi hermana que asevera que Susana estaba a su lado cuando ocurrieron los hechos. Da igual. De lo que sí me acuerdo es que, mientras me levantaba en brazos mi padre para llevarme al hospital, mi abuela sentenció:
-No cabe duda de que el diablo los cuida de pequeños para llevárselos de grandes.  

Thursday, April 30, 2020

El primer permiso penitenciario



Hoy se cumplen 47 días de enclaustramiento. Siguen pasando los días y afortunadamente se reduce el número de nuevos contagios y muertes. Ayer, por primera vez desde que empezó el confinamiento, vi que el árbol más cercano a la ventana de mi estudio ya había florecido. No me pregunten a qué familia pertenece porque en botánica, como en otras tantas materias de estudio, nunca fui muy virtuoso.
El caso es que esta habitación es la que uso para trabajar durante el día y, por supuesto, más de una vez al cabo de la jornada volteo y miro hacia afuera. Sin embargo, la última imagen que evoco de estas contemplaciones es un cielo gris plomizo y un árbol pelón de infinita tristeza. ¿Cuántas veces, en nuestras vidas, vemos mas no observamos? Dejamos de pensar en lo vital por atender lo importante.
Ensoñaciones bucólicas aparte, pasado mañana podremos, por primera vez en todo este tiempo, salir a dar un paseo por el barrio o, en el caso de los que gustamos correr, alejarnos un poco más según cómo aguanten nuestras piernas. Pese al título de este artículo, no podemos comparar ni de lejos la situación que hemos vivido con el de un encarcelado. En primer lugar, porque en nuestro caso, fuimos los ciudadanos los que exigimos nuestro encierro por nuestra propia seguridad. En muchos países donde los líderes, por irresponsables o por no querer dañar la economía se negaron a tomar tal medida, la terca realidad acabó imponiéndose y obligando al cierre de la actividad. Sin embargo, pese a no ser comparable nuestra situación con la de un preso, esta pandemia y sus efectos nos han permitido sentir la pérdida de nuestras libertades y derechos más esenciales. Por eso, debemos afrontar esta primera salida a partir del 2 de mayo, no como el chupinazo de los san fermines, saliendo cual morlacos en tropel y arrasando con todo lo que encontramos a nuestro paso, sino con responsabilidad y sabedores de que el incumplimiento de las condiciones establecidas acarreará una sanción. Si un preso no regresa a la hora prevista, es castigado y se le retira su privilegio. Si nosotros no cumplimos con las normas establecidas, habrá un rebrote y volveremos a ser castigados con un nuevo encierro. En fin, disfruten de su tiempo de ocio al aire libre.    





Tuesday, April 28, 2020

LECTURAS PARA EL CONFINAMIENTO


Hace tiempo que no releo La peste de Albert Camus que se ha convertido en el libro de moda en estas fechas; al menos en Francia, por lo que no hablaré de ella. Recuerdo la excelente prosa de Camus y la forma excelsa en que asemeja el confinamiento en la ciudad con una urbe sitiada en la guerra. No sé de dónde saca el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa que La peste  es la novela más mediocre de Camus. Cada quien sus fobias y filias
En un anterior escrito, ya hablé del libro Un espejo lejano de Barbara Tuchman que es un preciso análisis de la guerra de los cien años entre Francia e Inglaterra, así como de los estragos causados por la peste bubónica fácilmente reconocible por las marcas negras que aparecían en los afectados. Más allá de las batallas, especialmente interesante es el capítulo acerca del irrefrenable surgimiento de la epidemia a mediados de siglo aunado a otras desgracias como los grupos organizados de ex soldados que se dedicaban a la rapiña y sin olvidar la insaciable sed de dinero de los nobles a fin de organizar nuevos ejércitos o rescatar a los prisioneros de guerra. Todas esas desgracias juntas hicieron creer a los campesinos que el mundo llegaba a su fin y dejaron de cultivar los campos.
Otro excelente libro que he devorado en estas jornadas de encierro no espiritual hélas, es el de 60 años de soledad de Gustavo Vázquez Lozano. Sí, ya sé que el titulo no tiene originalidad alguna, pero la historia que nos relata sí vale la pena. Tras volver de México en busca de ayuda, la emperatriz Carlota, agobiada por la preocupación y por la negativa de Napoleón III a mantener las tropas francesas en suelo mexicano,  enloqueció en El Vaticano, pasando a beber únicamente aguas de las fuentes públicas y comer nueces que ella misma pelase. Creía que Napoleón III la quería envenenar. Una vez devuelta a su tierra natal, su hermano Leopoldo II la confinó en un castillo durante 60 años. Ese sí era un buen confinamiento a prueba de pandemias.  La fallida y trágica aventura de Maximiliano y su esposa en México acabaría proveyendo al demoniaco Leopoldo II el dinero necesario para emprender otra aventura colonial cuyo final fue mucho más trágico; el Congo. En este enorme país centroafricano, el precursor hitleriano Leopoldo II orquestó la masacre de más de 10 millones de congoleños en  su insaciable afán de caucho, amén de toda una serie mutilaciones entre aquellos nativos que no cumplían con la cuota establecida. Respecto al Segundo Imperio y la victoria de Juárez, el autor explica el hecho como una alineación de los astros para la gran fortuna del oaxaqueño. Tras el final de la guerra de Secesión, los americanos habrían visto con malos ojos la presencia francesa en México y habrían presionado a Napoleón III para que retirase sus tropas amen de ayudar a las fuerzas liberales con hombres y armas. Por su parte, el emperador francés veía con recelo la fuerza adquirida por Prusia tras derrotar a los austriacos en Sadowa y habría decidido hacer retornar sus tropas de México en vistas de una futura guerra. Siendo todos esos hechos ciertos, no es menos verdad que si Juárez no hubiera resistido durante 3 años, en algunos momentos en forma desesperada, no se habría producido la sucesión de hechos que cambiaron el curso de la guerra. Haciendo una analogía del argumento de Vázquez Lozano con otro conflicto, sería  como decir que los vietnamitas ganaron la guerra porque tuvieron la suerte de que los ciudadanos americanos la repudiaron. Efectivamente, se produjo ese rechazo. Pero para llegar a ese punto los norvietnamitas tuvieron que resistir  matar a miles de norteamericanos para que el pueblo estadounidense cambiase su punto de vista.
Finalmente y no menos importante, recomiendo la lectura de El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán acerca de la participación del autor en la revolución mexicana. Especialmente interesante resultan los retratos de Villa y Carranza. Del primero hay momentos cómicos y entrañables como cuando Martín Luis Guzmán consigue desarmarlo con gran astucia provocando el nerviosismo del centauro del norte o el capítulo en el que Villa le enseña a disparar certeramente a Guzmán. De igual manera, la fría descripción de una matanza realizada  por el lugarteniente de Villa; Rodolfo Fierro en el capítulo segundo titulado La fiesta de las balas, permiten dimensionar la intrascendencia de la vida durante la revolución mexicana donde perecieron más de un millón de personas.
Bueno, ahí les dejo eso de tarea. Si quieren más datos sobre los libros mencionados, déjenme un mensaje en el blog o el facebook. Saludos.

Sunday, April 26, 2020

Los niños en la calle



Foto de Alexander Dummer

Una ciudad sin risas infantiles es una ciudad muerta. Hoy, tras 43 días de confinamiento, los niños de menos de 14 años han podido salir a la calle acompañados de un adulto. Más concretamente, hasta 3 niños de una misma familia pueden salir a la calle con un mayor. Curiosamente, desde el primer momento en que se anunció la medida, una encuesta reflejó un rechazo mayoritario de la sociedad. Por partidos, los más reacios eran los simpatizantes de Ciudadanos seguidos de los populares y socialistas con 60%, mientras que los del vox y podemos eran los más afines siendo éstos últimos los únicos que apoyaban en más de la mitad la medida.
Hay que destacar, que esta encuesta se realizó tras el anuncio de la medida, pero antes de que se especificaran las condiciones en que los niños podrían salir a la calle. Cuando el gobierno anunció que los niños podrían acompañar a sus padres a los supermercados y farmacias se produjo un momento único en la historia de este país comparable a la obtención de la copa del mundo en Sudáfrica. Todos los españoles se pusieron de acuerdo en rechazar la medida y echar pestes del gobierno. Finalmente, el ejecutivo corrigió y permitió a los niños salir a jugar acompañados de un mayor.
Lo que me llama la atención de la encuesta antes mencionada, es el rechazo frontal a que los niños salgan al aire libre y se diviertan. En los foros sociales, se oían todo tipo de comentarios acerca de la susodicha resiliencia de los menores o comentarios sobre inexactos  acerca del encierro de los mismos durante la Segunda Guerra Mundial. También se oían voces acerca de la necesidad de los pequeños de correr y jugar al aire libre. Está claro que si esta medida provoca un rebrote el Gobierno tendrá que dar marcha atrás y nos tendremos que olvidar de la posibilidad de salir a dar paseos o correr a partir del 2 de mayo. Sin embargo, más allá del miedo por un posible rebrote, vengo notando desde hace unos años una actitud negativa de la población en lo referente a los menores y sus derechos. Cuando se prohibió a los padres dar bofetones a los niños, los adultos se indignaron porque el Estado se metiese en tales asuntos y temían que sus hijos los denunciasen falsamente. Cuando se permitió el aborto a las mayores de 16 años la oposición denunció que se les estaba quitando la patria potestad a los padres. Cuando se hicieron recortes en la educación pública sí hubo mareas verdes, pero no fueron comparables ni en cantidad ni en número de personas con las mareas blancas en contra de los recortes en la seguridad social. Cuando Zapatero y Rajoy hicieron sus respectivos pensionazos, toda la sociedad se indignó. Los periódicos anunciaban en portada en enormes letras el perjuicio hecho a los mayores. Cuando los jubilados se manifiestan en busca de establecer por ley la indexación de sus pensiones, independientemente de cualquier consideración económica, toda la sociedad los apoya y los antidisturbios, tan diligentes en otras manifestaciones, no atreven a tocarles la menor so miedo de inflamar el encono popular. Es decir, cuando se trata de defender los derechos de los jubilados la respuesta de la sociedad española es unánime. No así cuando se trata de los menores. Como se menciona en el artículo “Las 22 madres y tres madrastras que asesinaron a sus hijos en España” de fecha 18 de marzo de 2018, los infanticidios apenas tienen recorrido en los medios y ningún organismo recoge la contabilidad de niños asesinados por sus madres.
Según dice mi amigo Gregory, “En Alemania la educación está muy orientada a la independencia del niño, algo que la enseñanza tradicional española dinamita. Aquí se atornilla al niño a la silla y se espera de él que no se levante hasta que acabe la carrera”[1].  Quizá el hecho de que la población tenga una edad media de 45 años y cada vez será mayor dada la baja tasa de natalidad influya en este punto de vista.
En esta ocasión los menores han sido los afortunados y a falta de ver si esta medida afecta o no en la evolución de la curva, que disfruten ellos y sus sufridos progenitores de su principio de desconfinamiento. ¡Suertudos!


[1] En ABC Padres e hijos, 1/10/2013.


Saturday, April 25, 2020

La bajada de la montaña


Hoy es el primer día, en España, en que hay más curados que nuevos contagiados de coronavirus. Estos son datos esperanzadores. Aparentemente hemos superado la cima y estamos empezando el descenso de la montaña. En estos 40 días hemos aprendido acerca de los crecimientos exponenciales, la evolución de la curva y la famosa r de personas que contagia un solo infectado. Hemos podido realizar, desde lo alto de la curva, una introspección. Muchas de las cosas que antes considerábamos imprescindibles en nuestras vidas han resultado innecesarias y, al mismo tiempo, constatar que algunos pilares de la globalización han quedado agrietados. Sin ir más lejos, ha quedado en evidencia que algunos productos estratégicos como los concernientes a la medicina no pueden hacerse fuera del país por si estos se requieren con urgencia. No importa cuánto beneficio deje la mano de obra esclava de China o cualquier otro país.
Está claro que aun no podemos echar las campanas al vuelo, pero el hecho de que las morgues improvisadas cierren y pronto lo haga el mismísimo hospital de campaña del IFEMA, son motivos para que empecemos a soñar con la posibilidad de salir a la calle, aunque sólo sea para dar un paseo por el barrio. Incluso, el buen clima que empieza a asomar (hoy hemos alcanzado los 21 grados), parecieran anunciar un cambio de ciclo. No sé cómo será el proceso y espero que en los próximos días la tendencia no cambie, pero pareciera que empezamos a descender de la montaña y empezamos a otear en lontananza el tan deseado retorno a la normalidad que tantas veces hemos denostado en el pasado. 
En la obra biográfica Fouché, Stefan Zweig nos dice que los grandes mensajes de la humanidad surgen en el exilio. Jesucristo estuvo 40 días en el desierto y Mahoma varios años en Medina para volver con mensajes que cambiaron la historia de la humanidad. Pues bien, nosotros ya llevamos 40 días encerrados y está claro que aún nos queda un rato. No espero que salgan miles de millones de revelaciones trascendentales el día de nuestra excarcelación, pero si espero que este tiempo de encierro, único en la historia de la humanidad, le haya servido a la gente para descubrirse a sí mismos. Existen toda una serie de teorías acerca de cómo será el mañana post pandémico. Desde las pesadillas más orwellianas hasta un nuevo y bello mundo, pasando por que todo se quede más o menos igual. En cualquier caso, si salimos iguales del confinamiento nada cambiará y de nada habrá servido todo este dolor.     

Wednesday, April 22, 2020

EL HORROR DEL CORONAVIRUS



Recuerdo una película un poco lacrimógena acerca de un niño cuya madre muere. Ella es llevada al hospital para curarse de una simple enfermedad y ya no vuelve al hogar. El niño ocasionalmente habla con ella por teléfono, pero no la vuelve a ver  hasta que ella ya se encontraba en estado terminal, días antes de fallecer. Sus únicas pistas vienen de las ocasionales  conversaciones telefónicas que cada vez resultan más complicadas dada la quimioterapia. En un momento dado el chico expresaba su definición infantil del horror y dice algo así como que existen dos tipos de horrores; el que se sabe que tendrá un fin como cuando se había roto el brazo y aquel caracterizado por la incertidumbre de qué va a pasar.
En el caso de la presente pandemia vivimos en un horror intermedio. Sabemos que tendrá un fin cuando se comercialice la vacuna. Incluso tenemos esperanzas de que en no mucho tiempo salga al mercado un remedio que pueda acortar el tiempo de sufrimiento, pero en él mientras desayunamos, trabajamos, comemos y cenamos en nuestras casas. En él mientras, nos enteramos todos los días de las muertes y nuevos contagios que parecen nunca terminar. Y por si fuera poco, no tenemos ningún país al cual aferrarnos como esperanza ya que por muy bien que hayan contenido la enfermedad, no son libres de rebrotes como ha ocurrido en  Japón y Corea del Sur; países elogiados por su buena gestión de la enfermedad. De hecho si vemos el mapa del coronavirus, sólo Lesoto, Turkmenistán, Tayikistán y Corea del Norte no tienen la enfermedad, ya sea por su alto grado de aislamiento o porque ocultan la información. En cualquier caso, como entenderán los lectores,
 No tengo la menor duda de que venceremos. Entre otras cosas porque llevamos miles años luchando contra los virus y siempre hemos terminado prevaleciendo. No obstante, mientras que llega el glorioso día de nuestra liberación es imposible dejar de pensar en todos los muertos y todos los que se contagian diariamente. De hecho otra de las pesadillas de esta enfermedad radica en el hecho de que ni siquiera sabemos cuántas son las personas enfermas y nunca sabremos el número exacto de muertos que ha ocasionado en cada país. Es más, como si se tratara de La invasión de los ultracuerpos podemos convertirnos en aliados involuntarios de la enfermedad al portarla, sin saberlo, y contagiar a otras personas. Venceremos, no cabe duda, pero no sabemos cuál es el precio que vamos a pagar por ello. A día de hoy son demasiadas las incertidumbres que se acumulan a corto y mediano plazo que hacen más difícil de llevar este horror de enfermedad y confinamiento

Monday, April 20, 2020

LA ESTUPIDEZ AL PODER


Seguramente pensarán que este artículo va a hacer referencia a cualquier de los líderes políticos que tan mal han encarado esta enfermedad que nos tiene encerrados desde hace más de un mes. El problema es que si hablara de los fallos e idioteces de Johnson y  Bolsonaro tendría que escribir un libro entero por cada político. En cuanto a López Obrador, dado que le gustan tanto las estampitas religiosas, la cosa adquiriría tintes místicos y se convertiría en la Biblia de lo que NO  hay que hacer en caso de una pandemia. Finalmente, el caso de Trump es digno de una enciclopedia capaz de competir en tamaño y entradas con la célebre británica.
Sin embargo, esta crónica de hoy va dedicada a un periodista Javier Alatorre o, como algunos ya le llaman, Javier Alamierda que es adonde se debería ir tras su gloriosa intervención ante las cámaras de Tv Azteca el viernes pasado. Por recordar algunos de los hitos del Sr. Alatorre, cuando fue asesinado Paco Stanley este seudo periodista orquestó con Televisa –más concretamente con Jacobo Zabludovski conocido en todo el país por su falta de imparcialidad-, una campaña de desprestigio hacia el alcalde de la ciudad de México, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Cuando salió la noticia de los nexos de Stanley, los críticos se callaron como si no hubiera  pasado nada. Eso sí, el Sr. Alatorre no perdió la oportunidad de emitir en directo el arresto de Mario Bezares; un antiguo colaborador de Stanley que luego fue liberado. Otro de los hits en los que participó el Sr. Alatorre en connivencia con Televisa fue la producción cinematográfica del antiguo Secretario de Gobernación Genaro García Luna, en la que se veía la persecución de un coche y el arresto de Florence Cassez. El arresto había ocurrido el día anterior sin cámaras, pero no les importó ser cómplices de esa producción chafa.
Con esos antecedentes, no debiera extrañarnos lo que haga frente a las pantallas el Sr. Alatorre. Incluso es comprensible que le tenga ojeriza al SAT por querer obligar a su jefe a pagar los impuestos atrasados que le debe a la tesorería. Está claro que se puede dudar de la veracidad de las cifras expresadas por el Subsecretario, así como se puede dudar de las mencionadas en el resto de países, especialmente en China e Irán. Pero de ahí  a exhortar a la gente a no hacer caso de las recomendaciones del Dr. López-Gatell y, por ende, salir a la calle en pleno periodo de confinamiento hay un largo trecho. No sólo se trata de una invitación al suicidio como se ha dicho, sino que atenta contra la seguridad nacional. Esperemos que sus oyentes no sean tan irresponsables como el Sr. Alatorre y tengan un poco más de cerebro.