Monday, May 18, 2020

AYER FUI AL DENTISTA



Entre los múltiples males que me han aquejado en este confinamiento debo sumar dos más y esperemos que no siga. Hace 15 días se me desprendió un trozo de mi ante molar superior izquierdo. Afortunadamente no ha tenido mayores consecuencias y apenas lo he notado. Cosa distinta es el tortícolis que acarreo desde ayer. Sospecho que se produjo por haber dormido varios días con 2 almohadas para evitar dolores de la espalda. En cualquier caso ya veremos cómo evoluciona.
En cualquier caso, hoy pude por fin acudir al dentista. Para ello tuve que tomar el metro y hacer un transbordo en Avenida de América. En otros tiempos, estación está saturada por ser un punto de conexión de 4 líneas de metro e intercambiador de autobuses de larga distancia. Pues bien, hoy el metro estaba prácticamente vacío. De hecho uno de los tramos lo hice en un vagón vacío. Eso me recordó una anécdota de mi niñez  en la Ciudad de México. Mi barrio no tuvo estación de metro hasta que no cumplí los 12 años. A mi amigo Armando y a mí  nos llamaba mucho la atención la novedad y decidimos hacer una incursión desde la estación de Polanco hasta el auditorio; es decir una sola parada ida y vuelta. Tampoco se puede decir que fuéramos muy aventurados. A la vuelta, nuestro mayor regocijo consistió en que nos había tocado el vagón vacío.
Debo decir que la estación donde me subí y en la que me bajé no había aparentemente ningún tipo de autoridad que pudiese impedir que alguien subiese sin guantes y/o mascarilla, pero la verdad es que todos los usuarios llevaban sus medidas de protección. Posteriormente recorrí el kilometro que separa la estación de la consulta y eso sí me resulto curioso ya que, a fin de cuentas,  es la primera vez que dejo el barrio en dos meses. Y al igual que ocurriera en Avenida de América, las calles que antes estaban abarrotadas de gente ahora se podían transitar conservando los 2 metros sin problema alguno. Eso sí, en la calle la gente no es tan precavida como en el metro.  La sesión, por si lo quieren saber, fue corta e indolora salvo a la hora de pagar, por supuesto.
En fin espero que sea el último achaque del confinamiento y espero que todos ustedes estén bien. Un fuerte abrazo

Saturday, May 16, 2020

SAN ISIDRO



Cada año, en estas fechas se celebra el día de San Isidro; santo patrón de Madrid. La tradición exige ir a la pradera de San Isidro vestido de chulapo o chulapa, beber del agua del santo que sale del caño de la Ermita San Isidro, comer toda clase de platos típicos  entre los que destacan las rosquillas tontas (sin recubrimiento)  y las listas (con baño de azúcar)  y bailar un chotis.
Desde el siglo XVI, la gente acostumbraba ir a la pradera a merendar y algunos de los cuadros más famosos de Goya se sitúan en ese ambiente. Benito Pérez Galdós le dedicó una novela a estos festejos.  Cómo podemos ver se trata de una celebración de varios siglos que ha sobrevivido a guerras y otra clase de desgracias. Sin embargo, siendo un punto de aglomeración de madrileños, desde hace unos años ha surgido una figura que si bien no consigue aminorar el entusiasmo popular si empaña de algún modo la fiesta. Me refiero al político atrapa votos.
La primera política que vi disfrazada de chulapa fue la populista Esperanza Aguirre. No sé si fue la primera, pero el caso es que aparentemente dio en la diana ya que en la actualidad todos los políticos de Madrid, independientemente de su ideología, se disfrazan y asisten en masa a la pradera de San Isidro. Su afán de mimetizarse con el pueblo los lleva a hacer ridículos tales como bailar o cantar un chotis aunque no tengan ni idea.  
Y yo me pregunto, ¿a quién quieren engañar? Como quieren que creamos el resto de los madrileños que ellos también forman parte del pueblo cuando tienen una situación laboral a prueba de coronavirus. Mientras que millones de españoles se encuentran en vilo sin poder trabajar, ellos siguen cobrando su salario. Mientras que los españoles tienen que trabajar décadas para alcanzar una cada vez más dudosa jubilación, a ellos les bastan unos pocos años. En fin si algo bueno tiene este coronavirus es que nos ha liberado de ver a los políticos haciendo el payaso.  

Thursday, May 14, 2020

UN PASEO CON MI ESPOSA


Amén de los 2 meses que llevamos de confinamiento, hay que tener en cuenta que cuando empezó esta movida estábamos en invierno. Vicky no es muy amiga de salir a la calle cuando hace frío. De hecho, hace un año y medio aproveché el puente de diciembre (6-8) para visitar Grecia y fue todo un acierto ya que no hacía mucho frío y no había casi turistas dado que ese festejo es exclusivamente español. Lo único malo es que todos los sitios de interés cerraban a las 4 de la tarde, hora en que desaparecía la luz solar. La otra gran ventaja para alguien madrugador como yo, es que todo abre a las 8 de la mañana. El caso, para no hacerles el cuento largo, es que no la convencí de que me acompañara. En la oficina donde trabajaba hubo quien me hizo la ola por haber conseguido irme de vacaciones solo. Pero como pueden ver no hubo ningún merito en ello.
En fin, vamos a lo que te truje Chencha. Llevaríamos por lo menos 4 o 5 meses sin dar un paseo juntos por el barrio. Y siendo sinceros no soy exactamente un amante de estas caminatas, pero basta perder algo para que se le eche de menos. Sin embargo, somos conscientes de que el virus sigue allá fuera por lo que procuramos transitar por las calles menos concurridas. No obstante para poder llegar a ellas tuvimos que atravesar Arturo Soria que estaba llena de deportistas y caminantes algunos de los cuales no parecián estar en su franja horaria. Aunque quizás sea yo el equivocado. Siempre he sido muy malo para calcular edades. La verdad es que la caminata ha servido para reencontrarnos con el barrio y ver los cambios que ha sufrido durante el encierro.
Son dos las mutaciones que hemos visto en este paseo. Por una parte, una antigua cafetería que se encontraba en una calle cercana, ha pasado a manos de una empresa de reproducción asistida. Por otra parte, un terreno con una otrora casita encantadora se va a convertir en no mucho tiempo en un horrible edificio de oficinas que no pega ni con cola. Vicisitudes del progreso dirán algunos. Por lo demás, el transito parecía normal y si no fuera por las mascarillas y el elevado número de personas  que circulaban por la vía pública poca diferencia veríamos con respecto a hace unos meses. La buena y mala noticia  es que la gente no le tiene miedo al virus. Buena, porque cuando finalmente salgamos será más fácil reactivar la economía. Mala porque podría provocar un rebrote. Ya veremos
P.D. Si mañana amanezco bien iré a correr.


Tuesday, May 12, 2020

CONFINAMIENTO. DÍA 60


Foto de Jordan Benton 

Hace más de un mes hablé con mi amigo coreano Soo-Hyun quien me decía que ya estaba un poco cansado del coronavirus. El ya llevaba 2 meses con esta situación y ahora que llego a esa cifra he de decir que yo también estoy empezando a cansarme del confinamiento. No obstante, no quiero transmitir malas vibraciones al personal por lo que mencionaré algunos datos que invitan al optimismo. En primer lugar destacar el hecho de que ya podemos salir a correr y pasear. Y es más media España ya puede a visitar a sus familiares y amigos en reuniones de no más de 10 personas y siempre respetando la distancia de seguridad. Al resto de los españoles, nos queda esperar a que la cosa evolucione y poder pasar de fase. Cuestión de tiempo si respetamos las medidas de seguridad.
En cualquier caso, hace 30 días el número de nuevos contagios había sido de 4700 y el de muertos de 440. De ayer a hoy, el número de contagiados ha sido de 426 y el de muertos, desafortunadamente, de 176. Cómo podemos ver hemos reducido en un 90% el número de contagios. Lástima que la tasa de mortandad no haya bajado del mismo modo.  Por otra parte, mi amigo el escritor y médico Manuel Cortés me dijo hace unos días que en cada mutación el coronavirus se está debilitando. De hecho, según un especialista italiano, el doctor Giuseppe Remuzzi, podría darse el caso de que el virus ya hubiera desaparecido para cuando llegue la vacuna. Además, un laboratorio indio ha empezado la tercera fase de sus experimentos con el antigripal faripiravir que, según todos los estudios anteriores, reduce en una semana el tiempo de convalescencia. Se estima que esa tercera fase terminaría a finales de año por lo que el antigripal podría estar listo para la segunda  oleada.
Además, científicos de todo el mundo buscan desarrollar en tiempo record la vacuna que nos libre de todo mal. De hecho, oí recientemente que hay más de 100 proyectos en curso. Hasta ahora, he pensado que habría sido mejor reunir a todas las mentes pensantes para que encontraran la vacuna. Sin embargo, en esta ocasión, puede favorecernos la competitividad.
Soy consciente de que el futuro inmediato, tras la enfermedad, no es nada halagüeño para nadie. De hecho, en lo personal, esta pandemia ha desbaratado mis planes emprendedores a corto plazo. No obstante como decía mi amigo Gregory, llegados a un punto tenemos dos opciones. O lamentarnos o adaptarnos a la nueva situación. Piensen que en la mayor parte de los países la gente no se puede dar el lujo de confinarse y tiene que salir a trabajar todos los días porque si no salen no comen. En fin, espero que les haya podido levantar un poco la moral. Un fuerte abrazo a todos.

Sunday, May 10, 2020

Otras epidemias y pandemias



Una de las curiosidades que ha salido a la luz en estos días es la historia de las otras epidemias que hemos atravesado en los últimos 100 años. Mucho se ha hablado, de hecho, acerca de la mal llamada gripe española que acabó con entre 50 y 80 millones de personas en todo el mundo. Hubo islas del  Pacífico donde perecieron el 90% de los habitantes.
Sin embargo, he de reconocer que nada sabía acerca de la gripe de Hong Kong que mató a cerca de medio millón de habitantes de la isla y entre 30 y 35000 franceses y de la gripe asiática de 1957 que mato a más de 110000 estadounidenses y 10 000 españoles. Cada una de las 2 gripes acabó con más de 1 millón de muertos en el planeta. Y no tengo la menor duda de que en aquella ocasión, como en la actual, los números de decesos no fueron exactos.
Por otra parte, en lo que va de siglo XXI, hemos vivido ya unas cuantas epidemias y/o pandemias, empezando por el SARS de 2002-2003 que contagió a unas 8000 personas  y mató a cerca de 800. A este le siguió la gripe A (N1H1) nacida en mi país y que afectó a 600000 personas y provocó la muerte de más de 18000. El MERS, por su parte, apenas ha hecho daño a los seres humanos pese a que su letalidad sea muy alta conforme al número de contagiados oficiales 35% de unos 2000 casos.
La más reciente epidemia de gran calibre fue la del ébola que, entre 2014 y 2016, contagió en África a más de 28000 personas, muriendo más de 11000. Es decir, casi un 40% de los enfermos de ébola murieron. La gran ventaja del ébola, supongo,  es su facilidad para detectarlo a simple vista dadas las hemorragias y daños que provoca al paciente. Lo que supongo que habrá contribuido a que su evolución no fuese más criminal.    
Y  finalmente, hemos terminando la década pasada y empezado la actual con el coronavirus que trae a medio mundo a vueltas. En los últimos 100 años hemos tenido 7 enfermedades que han trascendido sus regiones y se han repartido entre varios países. Lo preocupante de la enumeración anterior es que cada vez son más frecuentes las pandemias y sus resultados más devastadores. Y lo cierto es que, dada la gran movilidad que conlleva el sistema económico actual, veo muy difícil que se puedan atajar las epidemias en origen y que no afecten a otros países, salvo que se controle a los ciudadanos de todo el planeta como desean algunos. Para lo que sí ha servido el coronavirus es para experimentar con el trabajo en casa. Nunca tantos seres humanos habían trabajado desde sus hogares porque, como bien me señaló mi compadre Juan Carlos, la tecnología anterior no lo permitía. No sé si ese vaya a ser el futuro y de qué forma se vaya a encarar, pero lo cierto es que estamos viviendo un antes y un después en nuestra forma de vida y trabajar. Ya veremos en qué termina todo.

Friday, May 08, 2020

PREGUNTAS AL AIRE



Más allá de la rapidez  o lentitud con la  que volvamos a la vida cotidiana, deberíamos hacernos varias preguntas sobre nuestro actual sistema de producción y vida. ¿Cuál es el sentido de mantener un sistema de libre mercado  global que un simple virus es capaz de poner patas arriba? ¿Cuál es el sentido de priorizar la mitad de la producción mundial en China por su mano de obra cuasi esclava, si cuando hay un problema en ese país todo el mundo se va a resentir? ¿Cómo es posible que unas simples mascarillas y guantes se convirtiesen en un producto de lujo en países industriales? Con esto no quiero decir que deseo un cambio de sistema económico o que vayamos a la autarquía. Simple y llanamente,   creo que hemos ido demasiado rápido en nuestro afán globalizador y que nuestro mundo no está todavía preparado para ello. Da igual si el virus nació en el mercado o en un laboratorio y se les escapó imprudentemente. Si los chinos o cualquier otra potencia quieren joder a un enemigo ya no tiene que gastar en costosas armas nucleares.
 A los muertos por coronavirus habrá que sumar los muertos por causas colaterales (por ejemplo alguien con un infarto que no haya podido ser atendido con celeridad) y los muertos por desesperación como ocurrió en la anterior crisis económica. Si sumamos todos estos factores el resultado será seguramente de más de un millón. Por otra parte, desde que se empezó a desregularizar las empresas y a dar rienda suelta al capital financiero cada vez son más frecuentes las crisis financieras. Si entre 1945 y 1980 sólo tuvimos la crisis del petróleo, desde la llegada de Reagan y Thatcher al poder, se han sucedido la crisis del 89, la de 2008 y finalmente la actual. Se podrá alegar que esta última ha sido por causa mayor, pero no nos engañemos todos sabíamos que estábamos entrando en recesión. La crisis habría sido mucho más leve, pero sin lugar a dudas la habría habido.  ¿En cuántos años será la próxima crisis y cuántas vidas se cobrará?  
La semana anterior al estado de alarma, hablando acerca de las manifestaciones de los agricultores, una amiga de mi esposa me decía qué falta hacía que pudiéramos comer sandías en invierno. Al tener que atender una consumición mundial a precios competitivos, se producen verdaderos desastres ecológicos por favorecer masivamente unos pocos cultivos. Finalmente, y aquí toco una de las actividades que más me gusta realizar en la vida y a la que seguramente tendré que renunciar o limitar considerablemente, es el de la forma en que hacemos turismo. A muy corto plazo tendremos que volver al pueblo como hacían nuestros padres y abuelos, ya que la inmensa mayoría no se podrá permitir viajar al extranjero si es que para el verano se puede volver a salir del país, cosa que no está nada clara a día de hoy. Tras ser  parte de las masas que desembarcamos en las islas Cíes o que ascendimos a la Acrópolis, Vicky llegó a la conclusión que ese tipo de turismo, por mucho dinero que deje acaba siendo destructivo y me dijo con sinceridad que no pensaba ser parte de eso. Ojo, no quiero decir con esto que tengamos que volver a los tiempos de mi abuela en que sólo el 1% de pijos  de la población mundial viajaba (25 millones de habitantes), pero está claro que debería de hacerse listas de espera para los lugares más cotizados tipo Venecia. ¿Cómo encajar el turismo y la sostenibilidad del entorno visitado? No lo sé. Así como tampoco tengo respuestas para las anteriores preguntas. Ahí se los dejo de tarea.
P.D. Ya casi estoy curado. Un fuerte abrazo    


Wednesday, May 06, 2020

EL CIRCO DEL CONGRESO


He empezado a ver un documental llamado El juicio acerca de las temibles purgas estalinistas. Nada más empezar el fiscal lee la acusación a un grupo de científicos, acusados de sabotaje. Se les pregunta a estos y todos confiesan su culpabilidad. Por si fuera poco, los reos deben elegir entre tener un abogado que los defienda o hacer una declaración final dando su versión de los hechos. Mientras tanto, en la calle, las masas bien adoctrinadas rugen en contra de los acusados exigiendo su ejecución. Todos los presentes en el juicio actúan conforme a lo que se espera de ellos. Ni más ni menos. En ese sentido, lo mismo ocurre aquí en el Congreso de los Diputados, pese a que vivimos en una democracia con nuestras libertades individuales garantizadas. Nuestros representantes son incapaces de no hacer el papelito que se espera de ellos. Y si ya resultaba penoso el espectáculo en tiempos anteriores  al coronavirus, en estos momentos en que ya ni siquiera tienen las formaciones a sus correligionarios en el recinto para aplaudirles e increpar a sus adversarios, el enfrentamiento resulta patético. Son la copia de la copia de la copia del mismo numerito que vemos desde hace décadas y cada vez con peores actores. Ni siquiera en un momento tan grave para el país son capaces de dejar de ser políticos y hacerse sus putaditas en busca de la foto del momento.
No han sido ni siquiera capaces de renunciar a sus opulentos salarios  cuando millones de españoles se encuentran en la mayor de las incertidumbres con respecto a su futuro inmediato. Eso sí, luego se extrañan de que en las encuestas la clase política aparezca como uno de los mayores problemas del país y que los ciudadanos los vean como unos inútiles privilegiados que no se merecen el sueldo que ganan.
 Vine a este país en el 96. En aquel entonces, estaba acostumbrado a la dictadura perfecta del PRI-Gobierno y todos sus vicios antidemocráticos y sus corruptelas. Además, el país que dejaba atrás se encontraba inmerso en una de sus peores crisis –cortesía del pelón Salinas de Gortari-, donde la gente, desesperada por haberlo perdido todo, se tiraba en el metro. Los bancos fueron rescatados por el  gobierno a través del FOBAPROA (Fondo Bancario de Protección al Ahorro). A día de hoy, más de la mitad de ese rescate millonario no ha sido devuelto y la deuda le fue endosada a los ciudadanos.  
Llegué a este país democrático y perteneciente a la Unión Europea, pensando que nunca volvería a vivir situaciones similares a las de México. Sin embargo, no solo he tenido que presenciar dos crisis (la primera conllevó también suicidios), sino que he visto como la corrupción se hacía cada vez más grande entre todos los políticos independientemente de su partido. He presenciado el rescate de bancos que nunca han devuelto el total del dinero al tiempo que se nos endosaba la deuda y, al igual que el resto del planeta, he visto la decadencia de la clase política mundial con el surgimiento de los populismos que, al igual que la corrupción, no conoce de ideologías. El problema además, es que los partidos tradicionales se han dejado seducir por estos políticos para convertirse en imitadores cutres. Y claro a la hora de elegir es más fácil que gane el maestro al alumno. Michel Houellebecq decía que el mundo sería igual después del coronavirus. Desde mi experiencia vital, me atrevo a vaticinar que no sólo va a ser mucho peor, sino que nuestras libertades individuales se verán recortadas, así como nuestro nivel de vida. Ojalá me equivoque.   
P.D. Ya recuperé la verticalidad. Eso sí me sigue doliendo en mis desplazamientos, pero poco a poco voy mejorando. 

Tuesday, May 05, 2020

EXPLICACIÓN A MIS AMABLES LECTORES


Estimados lectores. Muchos de ustedes me han preguntado porque no salió la crónica de ayer en la mañana. Les agradezco su interés, pese a que algunos fueron muy exaltados en la reclamación. La verdad es que tenía preparado un hueco para escribirla, pero, como decía mi abuelita, “el ser humano  propone, Dios dispone y el diablo viene y todo lo descompone”. En esta ocasión, el percance me resultó bastante doloroso. Llevaba más de la mitad de mis ejercicios físicos realizados cuando, al hacer una sentadilla, oí un crack y acto seguido sentí un intenso dolor muscular. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Arrastrándome cual ánima en pena, conseguí llegar a mi silla y sentarme mientras calibraba la intensidad del dolor y de los daños. No quiero ni contarles la tragedia en que se convierten actos tan cotidianos como vestirse en estas circunstancias.  Tampoco les voy a hacer el cuento largo. Estoy bien, pero sigo teniendo problemas para recuperar la vertical. Y está claro que, a diferencia de lo que sugirió mi compadre Juan Carlos que la zona afectada era el cerebro, se trata de una clásica lumbalgia que no me impide escribir. Aunque sí da bastante flojera. Los fármacos y el reposo han obrado milagros y por lo menos pude dormir mis 6 horitas habituales con una pausa de 2 a 3 para recargar medicina y leer un rato “El hombre rebelde” de Camus mientras me volvía a dormir.
Pasando a otras cosas, hoy, por primera vez desde hace más de 50 días, iré a una peluquería a cortarme el pelo. Eso si consigo cruzar la calle. De hecho debo decir que hubo dos cosas que hice bien antes de  que se decretara el estado de alarma. La primera fue ir a cortarme el pelo porque ya me tocaba y, la segunda también por necesidad y no porque tuviese dotes adivinatorias, fue comprar papel higiénico. Ambas decisiones circunstanciales –sobre todo la segunda-, me sirvieron para superar los primeros días del encierro. “¡Qué chingón soy!”, “qué capacidad de análisis y anticipación” me decía a mi mismo para alentarme. Ojalá hubiese tenido la misma clarividencia ayer en la mañana, antes de ponerme a hacer ejercicio.
En fin, les prometo recuperar la dinámica de texto escrito cada dos días si no se me cruza otro accidente casero. En cuanto al corte de pelo, aquí les dejo esta foto “muy actual” del estado alborotado  de mi melena, a juego con mi camiseta, para que juzguen por sus propios ojos. No sé de donde chingados salió el puro.  

Saturday, May 02, 2020

Estoy de vuelta


Después de 48 días, hoy he vuelto a correr en la calle. Como era de esperar la distancia no fue excesiva; unos 6-7 kilómetros en 35 minutos, y los tiempos están lejos de lo idóneo. Aparentemente éramos muchos más los que nos gusta correr en la calle de los que yo recordaba mes y medio atrás. O quizá, en tiempos normales, la gente elige distintas horas para salir. No sé. El caso es que me encontré a varios amantes del atletismo en mi recorrido. También había paseantes sin mascarilla, pero para que hacerse mala sangre con unos cuantos irresponsables. Además, el clima parece acompañar nuestro ejercicio. Día soleado y temperatura templada. ¿Qué más se puede pedir? 
Lo único que eché de menos en esta sesión matutina de las 8 de la mañana fue poder ejercítame en un parque. En parte porque la tierra o césped son mucho menos perjudiciales que el asfalto o la acera y en parte porque es mucho más seguro. Digo esto porque, dado que las aceras no son muy anchas, más de una ocasión tuve que bajar al asfalto y conservar de esta forma los 5 metros de separación recomendados para los que practican deporte. Afortunadamente, apenas circulan coches en estas fechas.
Lo que si no hice fue alejarme demasiado de casa. Consciente de mi falta de práctica en el último mes y medio, temí sufrir una lesión (soy especialista en engarrotamientos del gemelo) y tener que volver caminando lo cual siempre da mucha flojera. Sin embargo, salvo los últimos 500 metros cuando me empezó a molestar la rodilla, el resto del recorrido fue bastante agradable. Incluso –cuestión subjetiva- me sentí más ligero que hace mes y medio por más que los tiempos no reflejen tal progreso.
En fin, lo importante es que, como dice el título de este artículito, estoy de vuelta. Que se preparen los concursantes de la San Silvestre si la hay.
P.D. Creo que me emocioné un poco esta mañana, al describir mi estado. Conforme ha ido pasando el día las agujetas se han hecho presentes. Habrá que tomarse con calma los entrenamientos.

Historia de dos caídas




Llevamos un rato en el techo del lanchero de casa de mi abuela. Así llamamos a la edificación donde se guarda la lancha con la que esquiamos todos los días. Mi hermano y sus amigos se están divirtiendo tirándose desde ahí a la laguna. Yo con 10 años veo la distancia muy grande y, temeroso, prefiero verlos antes que saltar. Con los años, yo también disfrutaré saltando desde el techo a la laguna, pero aun queda para eso. Mi abuela está viendo el partido de futbol de los PUMAS y mis padres están de camino desde la ciudad de México. Estamos pasando nuestras vacaciones veraniegas en el lago de Tequesquitengo. En las noches ese mismo techo nos servirá de improvisado observatorio estelar. 
A la derecha del lanchero y pegado, se encuentra el lanchero de los vecinos y, en su parte superior una palapa que hace nuestra envidia por lo cómoda que es en tiempos de calor y por sus confortables sillas de mimbre revestidas de cuero. Huelga decir que nadie mojado puede sentarse en ellas. A mano izquierda, dos metros y medio más abajo, se encuentra un camino estrecho de cemento pegado a la pared del lanchero y, a continuación, el césped. De ahí nace un árbol que posteriormente será talado por viejo y enfermo. Una de sus ramas, ya seca, llega hasta el borde del techo.
Después de un rato de tanto brinquito, el ver a los mayores divirtiéndose me empieza a aburrir. Por más que me animan no me atrevo. Lo mismo ocurrirá la primera y única vez que salté la rampa haciendo esquí acuático. La primera vez todo fue bien crucé la estela y emprendí la subida. Volé una corta distancia y al caer no conseguí mantener la estática. Nada mal para un primer intento. La segunda ocasión fue totalmente distinta, llegué a la rampa, subí a la parte superior impulsado por el motor de la lancha a la que me unía la cuerda y antes de impulsarme hacia el vacío, los esquís se me salieron. No sé cómo lo hice, pero tuve los suficientes reflejos para tirar la cuerda y echarme un clavado a la laguna. De milagro, los esquíes no me cayeron en la cabeza. Me los vuelvo a poner y mi padre me anima a que vuelva a intentarlo, pero yo pienso que ya he tentado demasiado a la suerte y aunque vuelvo a esquiar me niego a emprender el tenebroso ascenso. Nunca más lo intentaré me digo. Al cabo de un rato mi padre, viendo que no voy a seguir decide llevarme a casa. Ha terminado el tormento.   
Cada vez me llama más la atención la pinche rama. No solo porque invade el espacio del lanchero sino por su fealdad. Cual poeta modernista, decido que tanta decadencia no es digna del paraje idílico en el que nos encontramos y decido arrancarla con mis propias manos. Oigo el crujir de la rama y prospero en mi afán. Desafortunadamente, no he calculado el peso de la misma y esta me arrastra hacia el camino de cemento. En ese breve microsegundo pienso que hasta ahí llego mi vida y diviso a lo lejos a mi madre que acaba de llegar del D.F.
Al cabo de un tiempo, despierto en el césped del jardín. Todo el mundo me rodea. Mis padres, mi abuela , mis hermanos y sus amigos. Me duele el brazo derecho. Posteriormente sabré que me lo he roto el por lo que pasaré todo el verano con la escayola. Sin embargo, en ese primer momento, nada de eso me importa. Lo que verdaderamente me intriga es saber porque no tengo el cuerpo lleno de raspaduras al chocar contra el cemento. Sentada en el césped se encuentra Susana, vecina de la laguna. Ella me da la respuesta a mi duda.
-Primero me cayó la rama y luego me caíste tú. Con tan buena suerte que rebotaste contra el jardín. ¡Cómo me duele la cabeza!
Como ocurre en estos incidentes, no ha faltado quien dudara de la veracidad de esta historia; más concretamente mi hermana que asevera que Susana estaba a su lado cuando ocurrieron los hechos. Da igual. De lo que sí me acuerdo es que, mientras me levantaba en brazos mi padre para llevarme al hospital, mi abuela sentenció:
-No cabe duda de que el diablo los cuida de pequeños para llevárselos de grandes.